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Abrazo de Acatempan: Iturbide, Guerrero, historia y Plan de Iguala

El episodio se sitúa tradicionalmente el 10 de febrero de 1821, en Acatempan, población que actualmente pertenece al municipio de Teloloapan, en el estado de Guerrero. Más que por el abrazo en sí mismo, su importancia histórica radica en que, por esas fechas, Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide lograron establecer una alianza que contribuyó decisivamente a la consumación de la Independencia de México.

Para entender por qué este acercamiento fue tan importante, hay que retroceder hasta 1810. Desde el levantamiento encabezado por Miguel Hidalgo en septiembre de ese año, la Nueva España había vivido una guerra prolongada entre los insurgentes que buscaban poner fin al dominio español y las fuerzas realistas que defendían el gobierno virreinal. Durante más de una década, el conflicto había provocado miles de muertes, enormes daños económicos y una profunda división política y social.

Para 1821, muchos de los primeros dirigentes insurgentes habían muerto, habían sido capturados o habían sido derrotados. Sin embargo, Vicente Guerrero seguía resistiendo en las montañas del sur. De origen humilde y convertido en uno de los principales jefes insurgentes, había demostrado una notable capacidad para mantener viva la lucha independentista incluso en los momentos más difíciles.

Frente a él se encontraba Agustín de Iturbide, un militar criollo que durante años había combatido a los insurgentes. A finales de 1820, el gobierno virreinal le encargó enfrentarse a Guerrero y terminar con la resistencia que todavía persistía en el sur. Sin embargo, el contexto político había cambiado considerablemente.

En España, en 1820, había triunfado una revolución liberal que obligó al rey Fernando VII a restablecer la Constitución de Cádiz de 1812, lo que limitaba nuevamente el poder absoluto de la monarquía. En la Nueva España, este cambio generó preocupación entre diversos grupos que temían que las reformas liberales afectaran sus intereses y los privilegios de la Iglesia. En ese nuevo escenario, algunos sectores que anteriormente habían defendido la permanencia del dominio español comenzaron a considerar la independencia como una alternativa para conservar determinados aspectos del orden político, social y religioso existente.

Iturbide comenzó entonces a buscar un acuerdo con Guerrero. Inicialmente intentó convencerlo de abandonar la lucha mediante propuestas de indulto y otras condiciones, pero Guerrero no aceptó. Finalmente, las conversaciones evolucionaron hacia una propuesta mucho más ambiciosa: unir las fuerzas de antiguos enemigos para conseguir la independencia.

Según la versión popularizada posteriormente, Iturbide y Guerrero se encontraron personalmente en Acatempan el 10 de febrero de 1821, frente a sus tropas. Allí habrían reconocido mutuamente el valor del adversario y sellado su acuerdo con un abrazo. Algunas narraciones posteriores incluso atribuyeron a ambos personajes palabras solemnes de reconocimiento y reconciliación.

Sin embargo, los historiadores han discutido durante mucho tiempo la exactitud de esta escena. Una de las versiones más conocidas fue difundida por Lorenzo de Zavala, quien escribió que había recibido información del propio Guerrero. En cambio, Lucas Alamán ofreció una versión diferente y sostuvo que las negociaciones no se desarrollaron necesariamente mediante un encuentro personal como lo cuenta la tradición. También se ha señalado la intervención de José Figueroa como intermediario en las comunicaciones entre ambos jefes.

Así, resulta más prudente decir que el llamado Abrazo de Acatempan pertenece tanto a la historia documentada como a la memoria histórica y a la tradición patriótica. No existe consenso absoluto sobre que el abrazo haya ocurrido exactamente como lo representan las narraciones posteriores. Lo que sí está sólidamente establecido es que, a comienzos de 1821, ambos dirigentes llegaron a un acuerdo político y militar que permitió unir a antiguos adversarios.

Ese acuerdo tuvo consecuencias enormes. El 24 de febrero de 1821, apenas unas semanas después, Iturbide proclamó el Plan de Iguala, que planteaba la independencia de México y establecía tres principios fundamentales, conocidos como las Tres Garantías: Religión, Independencia y Unión. La primera defendía la religión católica; la segunda planteaba la separación de España; y la tercera buscaba integrar políticamente a los distintos grupos en el territorio.

Para hacer realidad este proyecto se organizó el Ejército de las Tres Garantías o Ejército Trigarante, en el que terminaron coincidiendo antiguos realistas e insurgentes. La alianza entre Iturbide y Guerrero permitió ampliar rápidamente el movimiento independentista y facilitó que numerosas fuerzas se incorporaran al nuevo proyecto.

De esta etapa surgió también la famosa bandera del Ejército Trigarante, con los colores verde, blanco y rojo dispuestos en franjas diagonales. Cada color estaba asociado originalmente con una de las Tres Garantías.

La campaña fue relativamente rápida. Desde la proclamación del Plan de Iguala en febrero hasta la entrada del Ejército Trigarante en la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821 transcurrieron aproximadamente siete meses. Al día siguiente se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano, con lo que quedó formalizada la separación de México respecto de la monarquía española.

El Abrazo de Acatempan significó la convergencia de dos fuerzas que hasta entonces habían sido adversarias y que encontraron un objetivo común en la independencia. Empero, Iturbide no pasó de ser un enemigo de la insurgencia a convertirse repentinamente en un independentista por las mismas razones que habían impulsado a Guerrero desde 1810. Sus motivaciones políticas eran diferentes. Guerrero había luchado durante años contra el dominio español y defendía la causa insurgente; Iturbide, en cambio, había sido un destacado militar realista y posteriormente encontró en la independencia una alternativa política que podía coincidir con sus propios intereses y con los de diversos grupos de la sociedad novohispana.

Precisamente por eso, la alianza resulta tan sorprendente. Dos hombres que habían estado enfrentados en el campo de batalla encontraron una forma de colaborar cuando las circunstancias políticas cambiaron. Esa alianza no borró las diferencias entre ellos ni significa que compartieran exactamente las mismas ideas, pero sí modificó el equilibrio de fuerzas y aceleró el proceso que llevó a la consumación de la Independencia.

En Acatempan existen monumentos y conmemoraciones que mantienen viva la tradición del encuentro. La imagen de los dos antiguos adversarios abrazándose se ha convertido en un poderoso símbolo de reconciliación y de búsqueda de acuerdos.

El valor histórico del Abrazo de Acatempan se encuentra en el acuerdo que simboliza: después de más de una década de enfrentamientos, antiguos enemigos fueron capaces de construir una alianza que contribuyó decisivamente a cambiar el destino de México.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (06 septiembre 2026). Abrazo de Acatempan: Iturbide, Guerrero, historia y Plan de Iguala. Celeberrima.com. Última actualización el 06 septiembre 2026.