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Cómo nació la televisión: historia y curiosidades

La televisión es una tecnología que, desde hace aproximadamente un siglo, nos permite recibir imágenes y sonidos de lugares que pueden estar a miles de kilómetros, como si una ventana se abriera ante nosotros. Sin embargo, llegar hasta las pantallas actuales fue un proceso largo en el que participaron numerosos inventores, científicos e ingenieros. La idea de transmitir imágenes a distancia comenzó mucho antes de que existieran televisores en los hogares, cuando algunos pioneros se preguntaron si la electricidad podía hacer con las imágenes algo parecido a lo que el telégrafo ya hacía con los mensajes.

Uno de los primeros pasos importantes ocurrió en 1884, cuando el inventor alemán Paul Nipkow patentó un dispositivo conocido como disco de Nipkow. Se trataba de un disco giratorio con pequeños orificios distribuidos en espiral. Al girar, los orificios recorrían la imagen de manera ordenada y permitían descomponerla en líneas para convertir la información luminosa en señales que posteriormente podían reconstruirse. La idea era extraordinariamente ingeniosa para su época, aunque el sistema tenía importantes limitaciones prácticas. Décadas después, el escocés John Logie Baird retomó este principio y consiguió convertirlo en un sistema funcional de televisión mecánica. En 1925 realizó demostraciones públicas de imágenes muy rudimentarias y, el 26 de enero de 1926, presentó en Londres ante miembros de la Royal Institution un sistema capaz de transmitir imágenes en movimiento con gradaciones de luz y sombra. Entre las primeras imágenes mostradas estuvo la cabeza de un muñeco de ventrílocuo conocido como Stookie Bill.

Baird experimentaba con recursos bastante modestos. Su tecnología utilizaba discos giratorios, células fotosensibles y una fuente de luz para transformar la imagen en señales y después reconstruirla en el receptor. Las imágenes eran pequeñas, borrosas y tenían una resolución muy baja, pero representaban un logro extraordinario: por primera vez, personas reunidas ante un aparato podían observar en tiempo casi real una imagen que se había captado a cierta distancia. La televisión mecánica, sin embargo, tenía un problema fundamental: sus componentes móviles limitaban la velocidad, la calidad y la resolución de las imágenes. La solución llegaría con la televisión electrónica.

En Estados Unidos, un joven inventor llamado Philo T. Farnsworth trabajaba en una idea radicalmente diferente. Desde adolescente había imaginado que una imagen podía descomponerse en elementos y transmitirse electrónicamente, sin depender de un disco que girara. El 7 de septiembre de 1927 consiguió realizar una demostración de transmisión electrónica de una imagen utilizando un tubo disector de imágenes como cámara y un tubo de rayos catódicos como receptor, logrando enviar la señal de una simple línea recta. Al mismo tiempo, otros investigadores desarrollaban tecnologías complementarias. Entre ellos estaba Vladimir Zworykin, ingeniero de origen ruso que trabajó en sistemas de captación electrónica como el iconoscopio. La televisión fue el resultado de muchas contribuciones que se fueron acumulando durante décadas.

La televisión mecánica y la electrónica coexistieron durante algún tiempo, pero la segunda terminó imponiéndose porque permitía alcanzar una calidad de imagen y una estabilidad mucho mayores. En la década de 1930 comenzaron a desarrollarse servicios regulares de televisión en distintos países. En el Reino Unido, por ejemplo, la BBC inauguró en 1936 su servicio de televisión desde Alexandra Palace. A partir de entonces, la tecnología empezó a dejar de ser una curiosidad de laboratorio para convertirse en un nuevo medio de comunicación.

Después de la Segunda Guerra Mundial llegó la verdadera explosión de la televisión. En Estados Unidos, la cantidad de aparatos en los hogares aumentó rápidamente y la televisión se convirtió en un elemento central de la vida cotidiana. Las familias se reunían para ver noticieros, concursos, series, conciertos y acontecimientos deportivos.

La televisión también descubrió muy pronto su enorme potencial comercial. El 1 de julio de 1941, la estación WNBT de Nueva York transmitió el que suele considerarse el primer anuncio televisivo pagado de Estados Unidos: un anuncio de relojes Bulova que costó nueve dólares. Se emitió durante un partido de béisbol y duró alrededor de diez segundos. Desde entonces, la publicidad y la televisión crecieron prácticamente de la mano. Décadas después, algunos espacios comerciales llegarían a costar millones de dólares. Por ejemplo, durante el Super Bowl LVIII, celebrado en 2024, el precio habitual de un anuncio de 30 segundos rondó los siete millones de dólares.

Otro acontecimiento que mostró el enorme poder de la televisión fue el primer debate presidencial televisado entre John F. Kennedy y Richard Nixon, celebrado en 1960. Nixon llegó al estudio después de haber estado hospitalizado recientemente por una lesión de rodilla y apareció cansado, pálido y sudoroso; Kennedy, en cambio, proyectó una imagen más descansada y segura. Durante mucho tiempo se ha repetido que los radioescuchas consideraron ganador a Nixon mientras los espectadores de televisión dieron la victoria a Kennedy. La historia contiene algo de verdad. El debate demostró la importancia que la apariencia, la iluminación, la vestimenta y el lenguaje corporal podían adquirir en la política televisada.

Mientras la televisión transformaba la política y el entretenimiento, también cambiaba tecnológicamente. Los primeros televisores electrónicos utilizaban tubos de rayos catódicos. En ellos, un haz de electrones recorría rápidamente la pantalla y hacía brillar materiales fosforescentes. Al controlar la intensidad del haz y repetir el proceso muchas veces por segundo, el aparato producía la ilusión de una imagen continua.

Después llegó la televisión en color. En esta etapa también destacó el ingeniero mexicano Guillermo González Camarena, quien obtuvo en 1940 una patente mexicana para su Sistema Tricromático Secuencial de Campos, basado en los tres colores primarios de la televisión en color: rojo, verde y azul. Su trabajo fue una de las contribuciones importantes al desarrollo de sistemas de televisión cromática.

La televisión siguió evolucionando. Los grandes televisores de tubo fueron reemplazados progresivamente por pantallas planas. Las pantallas LCD utilizan cristales líquidos para controlar el paso de la luz procedente de una fuente posterior; luego, la iluminación mediante LED permitió fabricar dispositivos más delgados y eficientes. Los televisores OLED dieron otro paso importante: cada píxel puede generar su propia luz y apagarse individualmente, lo que permite obtener negros mucho más profundos y un contraste elevado.

También llegaron el control remoto, la televisión por cable y las transmisiones vía satélite, que multiplicaron la cantidad de canales disponibles. Después apareció internet y cambió todavía más la relación entre las personas y las pantallas. Las televisiones inteligentes permiten acceder a películas, series, noticias, música, videojuegos y videos bajo demanda. Ya no es necesario esperar a que un programa comience a una hora determinada: podemos elegir qué queremos ver y cuándo hacerlo.

La televisión también produjo fenómenos culturales de dimensiones extraordinarias. Uno de los más impresionantes ocurrió en julio de 1969, cuando cientos de millones de personas siguieron por televisión la llegada de los astronautas del Apolo 11 a la Luna. Guinness World Records estima que alrededor de 600 millones de personas vieron por televisión el primer paseo lunar, aproximadamente una quinta parte de la población mundial de aquel momento. Aquella transmisión mostró algo que hasta entonces parecía casi imposible: una experiencia podía ser compartida simultáneamente por una gran parte de la humanidad.

Los grandes acontecimientos deportivos han llevado todavía más lejos esa capacidad de reunir audiencias. Los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 registraron, según Guinness World Records, una audiencia televisiva acumulada de unos 4700 millones de personas a lo largo de los Juegos.

Incluso, durante décadas se popularizó la idea de que, antes de la televisión en color, las personas soñaban mayoritariamente en blanco y negro y que la televisión en color había cambiado los sueños. Algunas investigaciones han encontrado que las personas mayores que crecieron con medios predominantemente en blanco y negro recuerdan una mayor proporción de sueños sin color que las generaciones expuestas desde jóvenes a medios en color. Pero esto no demuestra que la televisión en color haya cambiado directamente los sueños, pues intervienen la memoria, la edad y otros factores.

La televisión también ha tenido momentos verdaderamente extraños. En 1987, las señales de dos estaciones de televisión de Chicago fueron interrumpidas por una persona disfrazada con una máscara de Max Headroom. La intrusión duró poco, pero se convirtió en uno de los casos más famosos de interferencia ilegal de una señal televisiva. El responsable nunca fue identificado. Además de entretener e informar, las redes de transmisión también pueden convertirse en objetivos de sabotaje o intrusión.

Y si la televisión puede adaptarse a las personas, ¿por qué no a los animales? Con el desarrollo de los servicios digitales surgieron propuestas como DOGTV, un canal diseñado específicamente para perros. Sus contenidos utilizan colores adaptados a la visión canina, imágenes con movimiento y determinados tipos de música y sonido. DOGTV afirma haber diseñado sus programas tomando en cuenta estas características sensoriales. Esto no significa que todos los perros reaccionen de la misma manera, pero es un curioso ejemplo de cómo el concepto de televisión se ha extendido mucho más allá del público humano.

Algunos de sus pioneros terminaron teniendo una relación complicada con este medio. Philo Farnsworth, una de las figuras fundamentales de la televisión electrónica, llegó a mostrarse muy crítico con la televisión que veía en su época y evitó tener un aparato en casa durante algunos años. Hay testimonios de su rechazo a ciertos contenidos y de su incomodidad con el rumbo que había tomado el medio.

En sus primeras décadas, millones de personas podían ver el mismo programa, la misma final deportiva o la misma noticia y comentarla al día siguiente en la escuela, en el trabajo o con los vecinos. Hoy esa experiencia se ha fragmentado. Una persona puede estar viendo una serie, otra un partido y otra un video en internet, todo desde pantallas diferentes. La oferta televisiva creció exponencialmente, por lo que las alternativas de los televidentes son muchas.

Pero la vieja costumbre de reunirnos frente al televisor no ha desaparecido. Cuando ocurre algo verdaderamente extraordinario —una final deportiva, una emergencia, una elección, un acontecimiento histórico— millones de personas todavía buscan una pantalla para verlo en directo.

La televisión modificó la publicidad, la política, el entretenimiento, la cultura familiar y nuestra manera de compartir acontecimientos. En ella convergen las ideas de inventores como Paul Nipkow, John Logie Baird, Philo Farnsworth y Vladimir Zworykin; las aportaciones de muchos otros científicos e ingenieros; los experimentos con electricidad, luz y ondas de radio; y más de un siglo de avances tecnológicos. Terminó convirtiéndose en una de las tecnologías de comunicación más influyentes de la historia. Y su propósito fundamental es el mismo hasta la fecha: permitirnos ver, escuchar y compartir historias que suceden más allá de donde estamos.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (22 agosto 2026). Cómo nació la televisión: historia y curiosidades. Celeberrima.com. Última actualización el 22 agosto 2026.