La economía colaborativa es un modelo en el que las personas comparten bienes, servicios, espacios o conocimientos, generalmente mediante plataformas digitales, en lugar de depender exclusivamente de empresas tradicionales que producen y venden en grandes cantidades. Su objetivo es aprovechar mejor los recursos existentes y facilitar el acceso temporal a aquello que necesitamos.
En la vida cotidiana existen muchos recursos que permanecen sin utilizar durante gran parte del tiempo: un automóvil estacionado la mayor parte del día, una habitación libre en casa, herramientas guardadas durante meses o habilidades que podrían ofrecerse por algunas horas. La economía colaborativa busca conectar a quienes tienen esos recursos disponibles con quienes los necesitan en un momento específico, generando beneficios para ambas partes sin necesidad de fabricar o adquirir nuevos bienes. Aunque esta lógica no es completamente nueva —durante generaciones las personas han intercambiado herramientas, favores y conocimientos dentro de sus comunidades—, las aplicaciones móviles y las plataformas digitales han ampliado este modelo a una escala mucho mayor, haciendo que compartir sea más rápido y accesible.
Esta idea suele asociarse hoy con aplicaciones móviles y plataformas digitales, pero algunos antropólogos señalan que sus raíces podrían rastrearse mucho más atrás en el tiempo, hasta las sociedades prehistóricas, que sobrevivían mediante prácticas de cooperación e intercambio de bienes. Los recursos circulaban a partir de la reciprocidad y la necesidad de la comunidad.
Este modelo ganó impulso especialmente después de la crisis financiera de 2008, cuando muchas personas comenzaron a cuestionar patrones de consumo y a buscar formas más eficientes y sostenibles de utilizar los recursos. Plataformas digitales dedicadas al alojamiento temporal, al transporte compartido o al intercambio de servicios se volvieron ejemplos de esta transformación. Sin embargo, el fenómeno va mucho más allá: actualmente existen opciones para compartir bicicletas, herramientas, ropa, espacios de trabajo y conocimiento. La idea esencial es pasar de “tener en propiedad” a la de “acceder cuando se necesita”.
Este modelo fomenta relaciones de confianza entre personas que muchas veces no se conocen previamente. Para lograrlo, muchas plataformas incorporan sistemas de calificaciones y reseñas que permiten construir reputación y generar mayor seguridad en las interacciones. De manera similar a cuando una recomendación personal influye en nuestras decisiones, estas evaluaciones ayudan a mantener estándares de calidad y confianza. Gracias a ello, millones de personas han encontrado formas adicionales de generar ingresos ofreciendo recursos o conocimientos.
Además de los beneficios económicos, la economía colaborativa también puede contribuir a una mayor eficiencia en el uso de recursos y, en ciertos casos, reducir impactos ambientales al disminuir el desperdicio y optimizar el uso de los activos existentes. Por ejemplo, alguien que necesita transportar muebles podría contratar a una persona con una camioneta disponible por unas horas, reduciendo costos y aprovechando la camioneta de alguien más. De igual forma, una persona con habilidades culinarias podría ofrecer experiencias gastronómicas o servicios específicos mediante plataformas digitales.
Un caso emblemático es el de Airbnb, que alcanzó una valoración de mercado superior a los 100 mil millones de dólares poco después de su salida a bolsa, posicionándose como una de las empresas de alojamiento más valiosas del mundo sin poseer físicamente los inmuebles que se ofrecen en su plataforma. Un cambio en la manera de generar valor en la economía digital.
Otro argumento muy difundido que ayudó a popularizar este modelo es la estadística del “taladro doméstico”, según la cual este tipo de herramienta se utiliza, en promedio, entre 12 y 15 minutos a lo largo de toda su vida útil. Aunque este dato es más ilustrativo que exacto, sirve para explicar la lógica central del modelo: muchos bienes se compran para usarse muy pocas veces, por lo que compartirlos puede ser más eficiente.
El modelo también ha motivado actitudes inesperadas. Por ejemplo, existen plataformas en las que las personas comparten el cuidado de mascotas con vecinos que no pueden tener animales de tiempo completo. La lógica de compartir puede extenderse más allá de bienes tradicionales como autos o viviendas. Otra expresión curiosa de este modelo son las “Bibliotecas de Cosas”, en las cuales se prestan herramientas, equipos y objetos de uso ocasional.
Las proyecciones económicas también reflejan el crecimiento del sector. Se estima que la economía colaborativa en áreas como el transporte, el alojamiento, el financiamiento, los servicios y el entretenimiento digital podría alcanzar el billón de dólares a nivel global en el transcurso de la década.
Sin embargo, en el ámbito laboral, tribunales y gobiernos analizan si los trabajadores de las plataformas digitales —como conductores o repartidores— deben ser considerados trabajadores independientes o empleados con derechos laborales plenos. Este debate sigue abierto y varía según el país y su legislación.
Otro reto surge porque los servicios de transporte bajo demanda pueden tener efectos mixtos en la movilidad de las ciudades, ya que en algunos casos han contribuido al aumento del tráfico al sustituir viajes en transporte público o caminatas. A la par, ha surgido un fenómeno relacionado con las plataformas de alojamiento: el aumento del alquiler de corto plazo en ciertas ciudades puede reducir la disponibilidad de vivienda para los residentes locales, lo que en algunos casos contribuye al incremento de precios y a procesos de gentrificación.
Se espera que la economía colaborativa continúe evolucionando junto con la tecnología e incorpore nuevas formas de colaboración. La economía colaborativa puede contribuir a construir formas más flexibles, eficientes y conectadas de organizar nuestra economía y sociedad. En síntesis, la economía colaborativa refleja un cambio cultural hacia el uso compartido de recursos.
Referencias:
- Economic and social benefits of data access and sharing: Enhancing Access to and Sharing of Data | OECD
- Who shares in the European sharing economy?
- Does sharing economy promote sustainable economic development and energy efficiency? Evidence from OECD countries – ScienceDirect
- ¿Qué es la economía colaborativa y cómo nos puede ayudar? | Repsol