La curva de demanda es una de esas ideas de economía que al principio suenan técnicas, pero en realidad son bastante intuitivas y ayudan a explicar muchas cosas que vivimos todos los días. Para empezar, la curva de demanda es una representación gráfica que muestra cuánto de un producto o servicio están dispuestas a comprar las personas a distintos precios, manteniendo constantes los demás factores. Normalmente, esta curva tiene una pendiente negativa: cuando el precio baja, tendemos a comprar más; cuando sube, solemos comprar menos.
Pero no siempre es el precio lo que modifica nuestras decisiones de compra. A veces cambia algo más en el entorno, y entonces no nos movemos sobre la misma curva, sino que toda la curva cambia de posición. A este fenómeno se le conoce como desplazamiento de la curva de demanda.
Cuando ocurre un desplazamiento, significa que las personas desean comprar más o menos del producto a cualquier nivel de precio. Entre las causas más importantes están los cambios en el ingreso, las preferencias, el precio de otros bienes relacionados, el número de compradores y las expectativas sobre el futuro.
Supón que hablamos de tu taquería favorita. Si recibes un aumento de sueldo o un bono, quizá decidas comer tacos con más frecuencia incluso si el precio sigue igual. En ese caso, toda la curva se desplaza hacia la derecha, para cada precio existe una mayor disposición a comprar. Eso representa un aumento en la demanda.
Lo contrario también sucede. Si llega una recesión económica y disminuyen los ingresos, muchas personas reducen sus compras, aunque los precios permanezcan iguales. La curva entonces se desplaza hacia la izquierda. Los economistas distinguen cuidadosamente entre un cambio en la cantidad demandada (causado por el precio) y un cambio en la demanda (causado por factores diferentes al precio).
Uno de los factores más frecuentes de estos desplazamientos es precisamente el ingreso. Para la mayoría de los productos se cumple que cuando las personas ganan más, aumenta la demanda. Sin embargo, existen excepciones. Un ejemplo cotidiano es el consumo de sopa instantánea o alimentos ultraprocesados de bajo costo. Si la economía mejora y las familias cuentan con mayores ingresos, la curva de demanda de esos productos se desplaza hacia la izquierda, pues parte de esa demanda puede migrar hacia opciones alimenticias más variadas o nutritivas.
Las preferencias son otro factor. Un caso famoso ocurrió con los fidget spinners en 2017. En pocos meses, las redes sociales provocaron que la demanda explotara: millones de personas querían uno sin importar demasiado el precio. La curva se desplazó con fuerza hacia la derecha. Sin embargo, tan rápido como llegaron, también desaparecieron del interés público y la demanda regresó abruptamente hacia la izquierda, dejando inventarios acumulados en muchas tiendas.
Algo parecido ocurre cada año con el consumo de aguacate durante el Super Bowl en Estados Unidos. En las semanas previas al evento deportivo, la demanda de aguacates —especialmente importados desde México— aumenta enormemente debido a hábitos culturales asociados con reuniones y consumo de guacamole. Lo interesante es que este incremento ocurre incluso cuando los precios fluctúan. No es el precio el que impulsa el cambio, sino una preferencia temporal compartida por millones de consumidores.
Otro ejemplo histórico ocurrió en Europa durante la crisis sanitaria asociada con la encefalopatía espongiforme bovina, conocida popularmente como el problema de las “vacas locas”, durante la década de 1990. Cuando los consumidores comenzaron a percibir riesgos para la salud, la demanda de carne de res cayó rápidamente. La curva se desplazó hacia la izquierda porque cambió la confianza del consumidor.
Los precios de los bienes relacionados también influyen en los desplazamientos de la curva de demanda. Recordemos que existen bienes sustitutos y bienes complementarios. Si el precio de la carne de res sube mucho, algunas personas optarán por consumir más pollo; por ello, la demanda de pollo puede desplazarse hacia la derecha. En cambio, con bienes complementarios sucede algo distinto: si baja el precio del café y las personas compran más café, también podría aumentar la demanda de azúcar o de productos relacionados.
Incluso el clima puede provocar desplazamientos de la curva de demanda. En un día soleado casi nadie piensa en comprar un paraguas. Pero cuando aparece una tormenta inesperada, aumenta de inmediato el interés por adquirir uno. Cambió la necesidad percibida del consumidor.
Las expectativas también juegan un papel enorme. Durante el inicio de la pandemia de COVID-19 en 2020, muchas personas comenzaron a comprar cantidades extraordinarias de papel higiénico por miedo a un posible desabasto. La demanda se desplazó hacia la derecha debido a las expectativas, no porque el producto fuera más barato.
El número de compradores potenciales es otro factor. Cuando una ciudad crece y llegan más habitantes, aumenta la demanda de vivienda, alimentos, transporte y muchos otros bienes. De forma similar, cambios demográficos más lentos pueden transformar mercados completos. En países con poblaciones envejecidas, como Japón o Italia, la demanda de productos infantiles y educativos puede disminuir mientras crece la demanda de servicios de salud, cuidados especializados y productos orientados a adultos mayores.
Detrás de cada una de nuestras decisiones aparentemente simples existe una lógica económica.
Referencias: