Pensemos en un empresario que abre su negocio, no porque quiera salvar el mundo, sino simplemente porque quiere salir adelante, ganar dinero para su familia y mejorar su vida. Pues según la idea de la mano invisible, este señor persigue solo su propio interés, como cualquier persona normal que trabaja duro para prosperar, pero sin quererlo, termina generando riqueza y beneficios que se extienden a toda la sociedad. Adam Smith lo describió de la siguiente manera: “Él persigue solo su propio interés, y hace esto, como en otros muchos casos, dirigido por una mano invisible que promueve un fin que no aparecía en su proyecto inicial”.
Smith mencionó primero esta metáfora de la mano invisible en la economía en su libro Teoría de los sentimientos morales (1759) antes de hacerlo en La riqueza de las naciones (1776). Algunos historiadores sugieren que el término fue una influencia literaria, ya que William Shakespeare utilizó la frase “invisible hand” en Macbeth. También se especula que para Smith, quien estudió teología, la mano invisible era una analogía de la “Divina Providencia”, es decir, la mano de Dios ordenando el caos del comportamiento humano.
Cada quien, al buscar su propio beneficio, contribuye, sin darse cuenta, al bien común. Por ejemplo, el panadero no hornea pan todas las mañanas por mera bondad hacia sus vecinos, sino porque quiere venderlo y vivir de eso. Al mismo tiempo, tú consigues pan para el desayuno, la economía local se mueve porque él compra harina al molino, el molino da trabajo a más gente, y así sucesivamente. Simplemente, al ir detrás de sus intereses personales, las cosas se ordenan de manera que benefician al conjunto de la sociedad.
Cuando un individuo persigue su propio interés de forma honesta, puede terminar produciendo buenos resultados para todos. Los esfuerzos individuales, motivados por el beneficio propio, se alinean para crear riqueza, empleo, mejores productos y una sociedad más próspera en general. La premisa de la mano invisible es que el bienestar social se alcanza cuando los individuos buscan su propio beneficio. En otras palabras, el egoísmo puede tener efectos positivos. Los individuos, al ir por lo suyo, terminan consiguiendo lo que le interesa a la sociedad como conjunto. Las acciones personales, guiadas por la mano invisible, sirven al interés general.
Es importante señalar que existe un debate entre los economistas, unos usan la metáfora de la mano invisible para defender el libre mercado, otros advierten que los mercados necesitan regulaciones para no colapsar. La mano invisible es la metáfora más debatida en la historia de la economía. El premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz lanzó una polémica frase al respecto, asegurando que “la razón por la que la mano invisible en la economía a menudo parece invisible es que, simplemente, no está allí”, refiriéndose a que los mercados sin regulación suelen fallar.
El mercado de criptomonedas es un ejemplo de la mano invisible, pues millones de algoritmos y personas fijan precios globales en segundos sin que ninguna entidad central o gobierno los coordine.
Referencias: