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¿Qué son los bienes?
Un bien es cualquier cosa que puedes ver, tocar o consumir. Un bien es tangible. ¿Qué objetos te rodean en este momento? La computadora, el teléfono móvil, el reloj de pulsera, los zapatos, la ropa, entre otros, son bienes, los puedes ver y tocar. El refrigerador en tu cocina lo puedes ver y tocar. También los alimentos son bienes, una manzana o un pan son objetos que puedes ver, tocar y consumir.
Una flor que compras para regalar el Día de las Madres o en San Valentín, el jabón que usamos para lavarnos las manos, tu sillón preferido para descansar, un avión comercial que surca los cielos y el papel con el que escribes una nota de algo que no quieres olvidar son bienes que podemos ver, tocar y, en algunos casos, consumir. Todos ocupan espacio y son percibidos mediante los sentidos.
Bienes durables y no durables
Un bien durable es algo que no se desgasta tan rápido, que nos sirve durante bastante tiempo, incluso durante años. Por ejemplo, el automóvil, lo usamos todos los días para ir al trabajo, al mercado o para pasear. Con un buen mantenimiento, un automóvil puede durar muchos años sin perder su función. Algo similar ocurre con un lavaplatos, que lava vajilla tras vajilla durante años. Los bienes durables están hechos para ser usados repetidamente y resistir el uso continuo.
En cambio, un bien no durable es algo que se acaba o pierde su función principal casi en cuanto lo usas, o que simplemente no dura años. Un ejemplo claro es la pasta dental: la exprimes, la usas para cepillarte y se termina poco a poco hasta que tienes que comprar otro tubo. El software también es un bien no durable porque, aunque no se desgasta físicamente, poco tiempo después de que lo instalas, necesitas actualizaciones o una nueva licencia. La ropa y el calzado son otros ejemplos de bienes no durables, pues se desgastan con el uso diario. Y qué decir de los alimentos, los compras, los cocinas y los comes.
¿Qué es un servicio?
Todo lo que puedes tocar, como un teléfono, un par de zapatos o una botella de agua, son bienes físicos, productos tangibles que se fabrican, se empaquetan y se entregan. Pero los servicios no los puedes meter en una bolsa ni guardar en un estante. Un servicio es cualquier actividad, principal o complementaria, que no genera un producto físico.
Cuando te cortas el cabello, el peluquero no te está vendiendo un objeto que puedas llevarte, sino la habilidad, el tiempo y la atención que dedica a transformar tu apariencia. Cuando tomas un taxi, no compras el auto, compras el traslado de un punto a otro. Un servicio satisface una necesidad, pero, al final, no tienes un objeto tangible en tus manos.
En cualquier transacción, siempre hay dos partes: el cliente —quien compra— y el proveedor —quien vende—. En tal intercambio, los servicios representan la parte intangible. Por ejemplo, cuando contratas internet, el proveedor instala un módem —un bien, algo tangible, lo puedes ver y tocar—, pero, en realidad, estás pagando la conexión, la transmisión de datos, el soporte técnico si algo falla y la disponibilidad de la red. En otras palabras, pagas por el servicio, no por el módem. Cuando vas a un restaurante pagas por la comida —un bien—, sin embargo, también recibes el servicio de preparación de los alimentos y la atención de los meseros y recepcionista.
Un bien está acompañado de servicios. Por ejemplo, compras un automóvil, pero también adquieres los servicios, como la garantía, el mantenimiento y la atención al cliente. El servicio es una actividad que añade valor sin producir un objeto tangible por sí misma.
Cada vez que alguien te resuelve algo, te entretiene, te transporta, te cura, te asesora o te hace la vida más fácil sin entregarte un producto que puedas tocar, estás ante un servicio.
¿Qué es un encuentro de servicio?
Cuando voy a la cafetería por la mañana, entro, el olor a café recién hecho me envuelve, pido un café moka y mientras espero hablo un poco con la persona que está detrás del mostrador que me reconoce y me pregunta cómo va mi día. Esa interacción, desde que cruzo la puerta hasta que salgo con un vaso en la mano, es un encuentro de servicio. En otras palabras, el encuentro de servicio es el momento en que el cliente se relaciona con quien te está ofreciendo algo, ya sea una persona, una máquina o todo el ambiente del servicio.
Puede ser algo tan simple como pagar en la caja del supermercado, realizar una transacción en la ventanilla bancaria, llamar al servicio técnico porque el internet falló o usar una app para pedir comida a domicilio. No siempre es cara a cara, en la era digital, muchos encuentros de servicio suceden gracias a sistemas automáticos. Pero el encuentro de servicio no es una transacción fría, es muy importante tener en cuenta que puede cambiar la manera en que se percibe una marca o negocio.
A los momentos especiales, donde el cliente entra en contacto con cualquier detalle del servicio, Jan Carlzon, el famoso directivo que salvó a Scandinavian Airlines en los años 80, los llamó momentos de verdad, pues el cliente se forma una opinión sobre si el servicio vale la pena o no. Cuando hablas con el mesero, cuando notas la limpieza del baño, cuando recibes un correo de confirmación de tu pedido o cuando adviertes que el wifi del lugar funciona perfectamente. Cada uno de esos instantes es una oportunidad para que el cliente decida que el servicio es valioso o no.
El valor de una empresa se construye en la mente de los clientes a través de estos momentos. En el caso de la aerolínea, Carlzon calculó que tenían millones de contactos al año, muchos muy breves, pero que podía inclinar la balanza y formar clientes leales. En cada interacción se refuerza el voto de confianza del cliente, ganas puntos o los pierdes.
Cuando vas al taller para que arreglen tu coche, entregas las llaves, pero, además, te explican el presupuesto y te tratan bien mientras esperas. Cada detalle cuenta, el cliente no separa el servicio de la manera en que lo hayan hecho sentir. Un encuentro de servicio debe resolver lo que necesitas y, sobre todo, te hace sentir valorado, como si fueras el invitado de honor en vez de un cliente más.
Un momento de verdad puede convertir a un cliente casual en un fanático que recomienda el lugar a sus amigos; uno malo, en cambio, viaja rapidísimo por redes sociales y afecta la reputación de la marca. El servicio debe ser recordado con gusto.
Diferencias entre bienes y servicios
Cuando compras un teléfono lo puedes ver, agarrar, encender y meter en el bolsillo. En cambio, un corte de cabello o un viaje en Uber no. Los bienes son tangibles, los puedes tocar, ver, oler o probar, incluso antes de decidir la compra. Cuando compras un par de zapatos; los inspeccionas en la tienda, los agarras, los volteas y, si te parece, te los llevas. Por su parte, un servicio es intangible: no lo puedes meter en una bolsa o caja. Cuando ves una película en el cine, no puedes probarla antes de pagar y consumirla, al final, te gusta o no, pero ya pagaste y ya pasaste dos horas viéndola, por eso las empresas de servicios se empeñan en mostrar reseñas, fotos o demostraciones.
En los servicios, el cliente suele participar en el proceso. No es un simple espectador, por ejemplo, en un restaurante, elige la mesa, pide lo que quiere, da feedback al mesero, etc. En una clase de yoga o en una consulta con el doctor, tu actitud, tus preguntas y tu esfuerzo influyen en el resultado final. La calidad depende mucho de la interacción entre cliente y proveedor. En una ventanilla bancaria, el cajero y el cliente son necesarios para completar una transacción. Muchos negocios descargan algo del trabajo en el cliente, por ejemplo, autoservicio en los supermercados, limpieza en restaurantes de comida rápida, etc. No obstante, la incertidumbre respecto al tiempo de servicio y capacidad aumenta entre más participa el cliente; por otro lado, los procesos de fabricación de bienes son más controlables puesto que los clientes no se involucran.
Si fabricas latas de atún, puedes producir miles y guardarlas en el almacén para cuando se presente la demanda. Pero no es posible guardar cortes de cabello para el sábado cuando todos quieren cita. Si llueve y nadie sale, esas horas de trabajo del peluquero se pierden para siempre. Si llegan demasiados clientes, el peluquero no puede atenderlos a todos. La demanda de servicios depende del clima, de eventos especiales, de la hora del día o hasta de modas repentinas en redes sociales. Los servicios no se pueden almacenar como inventario. Son perecederos, caducan en el momento. Un asiento vacío en un avión o una habitación de hotel sin huéspedes representa dinero que nunca vas a recuperar. Un boleto para un concierto se usa o no. La demanda para centros de atención telefónica, bancos, aerolíneas, etc., es muy difícil de pronosticar. Los bienes, en cambio, puedes producirlos en temporada baja y venderlos después, garantizando la disponibilidad a pesar de las fluctuaciones en la demanda. La capacidad del servicio es el equivalente del inventario en la producción de bienes.
Las instalaciones donde se prestan servicios normalmente tienen que estar cerca del cliente. No puedes mandar un corte de cabello por paquetería. Las sucursales de bancos, gimnasios y cafeterías se distribuyen por toda la ciudad por conveniencia. Un bien lo puedes enviar desde una fábrica lejana; un servicio muchas veces requiere que estés ahí —físicamente, por teléfono o en línea— o que el proveedor vaya a ti. Sin embargo, en la era digital, la proximidad de los servicios se puede medir en clics de distancia. Las instalaciones que producen bienes se ubican cerca de las materias primas o el mercado según la naturaleza de sus operaciones. Además, las instalaciones de servicio deben diseñarse para mejorar la interacción entre el cliente y el proveedor del servicio, y los empleados requieren mejores habilidades sociales y de atención; por su parte, las instalaciones de producción se diseñan para la eficiencia, por lo que los empleados requieren habilidades técnicas y de producción.
En la producción de bienes, la calidad se define con estándares que cualquiera puede medir. En una fábrica, los ingenieros establecen especificaciones: el grosor de la pantalla, la resistencia del material, el peso, etc. La función de un inspector o un sensor automático es detectar si hay defectos. Si una unidad no cumple con el estándar, las posibilidades son rechazarla o arreglarla. En contraste, la calidad de un servicio depende muchísimo de la opinión del cliente: ¿cómo se sintió?, ¿el mesero fue atento sin ser invasivo?, ¿resolvieron su problema rápido y con una sonrisa? Dos clientes que reciben exactamente el mismo trato pueden tener percepciones totalmente distintas. Uno sale encantado y otro se queja, es una cuestión de subjetividad, por lo que las empresas recurren a encuestas de seguimiento, reseñas en apps o entrevistas con los clientes. Sin embargo, un fabricante de autos también envía encuestas meses después para saber si el servicio postventa fue bueno. Y viceversa, un banco o una aerolínea también usan estándares medibles, como el tiempo de espera, el porcentaje de llamadas contestadas en menos de 30 segundos, etc.
Las patentes no protegen los servicios de la misma forma que protegen un invento. Puedes patentar un nuevo tipo de máquina para hacer zapatos, pero es muy difícil patentar la experiencia de una cadena de cafeterías, por lo que los competidores pueden copiar rápidamente la idea. Por eso, las empresas de servicios se enfocan más en construir una marca fuerte, fidelizar clientes y proteger secretos operativos o procesos específicos cuando es posible.
En la actualidad, la producción de bienes se apoya en la automatización. Las líneas de ensamblaje usan brazos robóticos para soldar piezas con precisión milimétrica las 24 horas del día. Los robots empaquetan, producen y envían miles de unidades al día, los materiales se mueven en cintas transportadoras inteligentes, cuyos sensores detectan cualquier problema. Sin la automatización los productos serían más caros y su producción más lenta. Por su parte, los servicios usan la tecnología, como hardware y software, para manejar información. Los bancos usan servidores, apps y algoritmos para procesar datos, verificar identidades y actualizar cuentas en segundos. La producción de bienes se beneficia de la automatización que sustituye a la fuerza física y a los movimientos repetitivos, mientras que los servicios escalan gracias a que un mismo programa puede atender a millones de usuarios al mismo tiempo. Aunque hay que aclarar que una fábrica usa software para planificar la producción y un hospital usa robots quirúrgicos.
La administración de la cadena de suministros en la producción de bienes trata de orquestar el flujo de materiales a través de una red que puede ser local o global. La cadena de suministros se encarga de que no falte nada en el momento justo, que no se acumule inventario innecesario y que el producto llegue fresco, en buen estado y a buen precio al mercado. El objetivo es maximizar la satisfacción del cliente y las ganancias, mientras se minimizan el tiempo de entrega, los costos totales y el impacto ambiental. La cadena de suministros de los servicios no mueve contenedores, pero coordina el flujo de personas e información. Cuando pides comida a domicilio a través de una app, el sistema asigna al repartidor más cercano. En un hospital, un paciente recibe mejor atención gracias a la gestión del flujo de médicos, enfermeras, información de historiales clínicos y equipo disponible. Una empresa de consultoría mueve talento humano al lugar en el que el cliente lo necesita. Una aerolínea gestiona el flujo de bienes, aviones y maletas, pero su éxito depende del flujo de información —reservaciones y actualizaciones de vuelos— y de las personas —tripulación y personal de tierra—.
Referencias:
- Collier. A.C., Evans, J.R. (2015). AO5. Cengage learning. Quinta edición.
- Durable good – Wikipedia
- Durable good | economics | Britannica
- Understanding Durable Goods Orders: Key Insights for Investors
- Bien duradero – Qué es, definición y concepto | Economipedia
- Moment of truth (marketing) – Wikipedia
- The New Moment Of Truth In Business
- Investigating Effect of Service Encounter, Value, and Satisfaction on Word of Mouth: An Outpatient Service Context
- ISO – Quality management: The path to continuous improvement
- Quality of the ISO 9000 series of standards-perceptions of quality management experts | International Journal of Quality and Service Sciences | Emerald Publishing
- SERVQUAL Method as an “Old New” Tool for Improving the Quality of Medical Services: A Literature Review
- What is Supply Chain Management? Components and Careers – Leavey School of Business – SCU
- Tangible services and intangible products in industrial product service systems – ScienceDirect
- Understanding Supply Chain Management (SCM) and Its Importance