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Biografía de Gotthold Ephraim Lessing
Gotthold Ephraim Lessing nació en un pueblito tranquilo de Sajonia en 1729, en plena Alemania del siglo XVIII, donde la vida giraba alrededor de la iglesia y las tradiciones. Fue el tercero de una familia numerosa encabezada por un pastor luterano estricto que soñaba con que su hijo siguiera sus pasos. Pero Lessing era un devorador de libros y un soñador con ideas propias; creció en Kamenz, estudió en la famosa escuela de Meissen y luego, a los 17 años, llegó a la Universidad de Leipzig supuestamente para estudiar teología y medicina, aunque en realidad se enamoró perdidamente del teatro local, que en esa época empezaba a bullir. Ahí escribió su primera comedia, El joven erudito, que se estrenó en 1748 y ya mostraba su chispa para burlarse de los sabiondos pomposos.
Pronto dejó la universidad y se mudó a Berlín, donde se ganó la vida como periodista, traductor y crítico mordaz en el Vossische Zeitung. Era incansable: reseñaba libros, traducía del inglés y del francés, y no tardó en armar líos con figuras importantes, como cuando discutió con Voltaire. En esos años, entre 1747 y 1749, publicó comedias cortas y punzantes como Los judíos, donde defendía con humor la nobleza de una comunidad marginada, o El espíritu libre, que se reía de la hipocresía religiosa. Lessing no era de los que se quedaban callados; usaba el escenario como un espejo para mostrar las tonterías humanas, igual que hoy una comedia ligera te hace reír mientras te hace pensar.
Su gran salto llegó en 1755 con Miss Sara Sampson, la primera tragedia burguesa alemana, ya no eran reyes y príncipes los que sufrían en el escenario, sino gente con pasiones, virtudes y errores que cualquiera podía reconocer. Lessing viajó, sirvió como secretario de un general prusiano durante la Guerra de los Siete Años en Breslau, y allí, rodeado de libros, empezó a pulir sus ideas sobre el arte. En 1766, publicó Laocoonte, un ensayo que explicaba por qué la pintura y la poesía son diferentes, la pintura captura un instante congelado, como una foto, mientras que la poesía cuenta una historia en movimiento.
En 1767, lo llamaron a Hamburgo para ser el primer dramaturgo oficial del Teatro Nacional Alemán, un proyecto ambicioso para crear un teatro alemán. Ahí escribió su famosa Dramaturgia de Hamburgo, una serie de 104 ensayos donde criticaba las reglas rígidas del clasicismo francés y defendía a Shakespeare como modelo; era un teatro vivo, con personajes de carne y hueso, que mezclaba risa y llanto. La empresa teatral no duró mucho, pero sus ideas sí. Para entonces ya había estrenado Minna von Barnhelm en 1767, una comedia sobre el amor y el honor después de la guerra, con toques de humor.
En 1770, aceptó un puesto de bibliotecario en Wolfenbüttel, en la corte del duque de Brunswick, un trabajo que le daba tiempo para leer y escribir, aunque nunca le faltaron viajes y discusiones. Su vida personal tuvo un capítulo dulce y triste, en 1776, ya cerca de los 50, se casó con Eva König, una viuda culta a la que había conocido años antes en Hamburgo. Fue un matrimonio feliz, pero corto; ella murió en 1778 tras dar a luz a un hijo que no sobrevivió, y Lessing quedó destrozado, aunque convirtió ese dolor en combustible para sus últimas obras. Era un hombre de convicciones profundas, amigo de filósofos como Moses Mendelssohn, y siempre peleando por la tolerancia en una Europa donde las religiones chocaban.
Justo en esos años finales, surgió una polémica cuando publicó unos fragmentos de un manuscrito anónimo que cuestionaba dogmas religiosos. Los pastores ortodoxos, sobre todo un tal Goeze, lo atacaron ferozmente, y Lessing respondió con once panfletos llamados Anti-Goeze, defendiendo la libertad de pensamiento con ironía y lógica afilada. Como le prohibieron seguir publicando sobre teología, retomó su viejo púlpito, el escenario. En 1779, escribió Natán el sabio, una obra maestra donde un judío sabio, un sultán musulmán y un templario cristiano discuten sobre fe y humanidad. La parábola de los tres anillos es legendaria: tres hermanos reciben anillos idénticos de su padre, y ninguno sabe cuál es el “verdadero”; la moraleja es que la verdadera religión se demuestra con acciones buenas. En un mundo de divisiones, lo que une es la bondad y el respeto mutuo. Al año siguiente, en 1780, publicó La educación del género humano, un ensayo optimista donde veía la historia como un proceso de madurez moral, como si la humanidad fuera un niño que va creciendo y aprendiendo poco a poco a ser mejor.
Lessing murió el 15 de febrero de 1781 en Brunswick, a los 52 años, después de una vida intensa y a veces precaria. Fue el padre del teatro moderno alemán, el que liberó el drama de las reglas francesas y lo llenó de vida, de burgueses con problemas, de tolerancia y de búsqueda honesta de la verdad. Sus ideas sobre la Ilustración eran prácticas, apasionadas y siempre con un toque de humor.
Frases de Gotthold Ephraim Lessing
- Las ruinas de un ser sirven, a la siempre activa naturaleza, para la vida de otro.
- Entre mendigar y pedir prestado, no hay mucha diferencia.
- La superstición en que fuimos educados conserva su poder sobre nosotros aun cuando lleguemos a no creer en ella.
- Pedir prestado no es mucho mejor que mendigar, así como el prestar con usura no es gran cosa menos que robar.
- No es libre el que se ríe de sus cadenas.
- Algunos se equivocan por temor a equivocarse.
- ¿Cómo se llama al animal más temible? Preguntó un rey a cierto sabio. Y éste respondió: los salvajes le llaman tirano; los mansos, adulador.
- Ambos se dañan a sí mismos: el que promete demasiado y el que espera demasiado.
- La moza que piensa es tan estúpida como el hombre que se pinta.
Referencias: