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Biografía de Ben Jonson
Ben Jonson vivió en Londres en el siglo XVI. Nació el 11 de junio de 1572 en Londres, apenas dos meses después de que su padre, un ministro protestante de origen escocés, muriera. Su mamá se volvió a casar con un albañil, y el pequeño Ben creció en una familia humilde, pero entró a la Westminster School, donde estudió con William Camden. Ahí se enamoró de los clásicos latinos y griegos.
Pero Ben tuvo que dejar la escuela y ponerse a trabajar de albañil con su padrastro, cargando ladrillos bajo el sol londinense, algo que siempre recordaría con un toque de humor autocrítico. No era para él esa vida; pronto se aventuró como soldado voluntario en los Países Bajos, peleando contra los españoles en la guerra de Flandes. Cuenta la leyenda que se batió en un duelo uno contra uno y se llevó las armas de su enemigo como trofeo. De vuelta en Inglaterra, probó suerte como actor ambulante, recorriendo caminos polvorientos con compañías de teatro, y se dice que hasta interpretó el papel principal en una obra famosa de Thomas Kyd. Para 1597 ya estaba escribiendo obras para Philip Henslowe, el gran productor de la escena londinense, aunque la mayoría de esas primeras piezas se perdieron en el tiempo.
Su vida dio un vuelco en 1598. Ese año terminó con la vida de un compañero actor, Gabriel Spencer, en un duelo, y por poco lo cuelgan. Se salvó invocando el “beneficio del clero” –básicamente, demostrando que sabía leer latín de la Biblia– pero lo marcaron con hierro caliente en el pulgar como criminal y pasó un tiempo en la cárcel. Ahí, en Newgate, se convirtió temporalmente al catolicismo, aunque después regresó al anglicanismo. Justo ese mismo año estrenó Every Man in His Humour, una comedia que fue un hito y en la que, según cuenta la tradición, hasta Shakespeare actuó. Jonson inventó algo fresco, la “comedia de humores”, donde los personajes son como caricaturas exageradas de defectos humanos –codicia, envidia, vanidad– inspirados en la medicina antigua que decía que el cuerpo se equilibraba con fluidos como la bilis o la flema. Es como si hoy vieras una serie donde cada personaje es el estereotipo andante de un vicio moderno, pero con diálogos afilados y sátira que te hace reír y pensar al mismo tiempo.
A partir de ahí, Ben se volvió una figura clave del teatro jacobino, el de la época del rey Jacobo I. Escribió tragedias como Sejanus y Catiline, llenas de erudición. Pero donde destacó de verdad fue en las comedias: Volpone, sobre un tipo que finge estar muriendo para estafar a sus herederos codiciosos, como un reality show de avaricia; The Alchemist, donde un trio de estafadores promete convertir plomo en oro y engaña a todos en pleno Londres, un paralelo perfecto con las promesas falsas de hoy; Epicoene y Bartholomew Fair, que retratan la sociedad con humor mordaz. Tuvo sus problemas, en 1597, lo metieron a la cárcel por una obra llamada The Isle of Dogs que molestó al gobierno; en 1605, otra vez por Eastward Ho!, que se burlaba de los escoceses y del rey.
Jonson se ganó el favor de la corte real con los “masques”, unas fiestas espectaculares que mezclaban poesía, baile, música y disfraces. Colaboró con el arquitecto Inigo Jones en obras como The Masque of Blackness o The Masque of Queens, donde inventó el “antimasque”, una parte caótica y cómica al principio. Jacobo I lo adoraba por su cultura clásica y le dio una pensión. Tenía un grupo de admiradores jóvenes, los “hijos de Ben”, que lo veían como mentor, e hizo un viaje a pie a Escocia donde lo recibieron como héroe. Publicó sus obras completas en 1616.
Su vida personal fue complicada. Se casó, en 1594, con Anne Lewis, y aunque tuvieron hijos, ninguno sobrevivió, lo que le dolió mucho. Vivieron separados por temporadas, y Jonson se refugiaba en casas de mecenas ricos. En 1623, un incendio quemó su biblioteca entera. En 1628, sufrió un derrame que lo dejó paralítico y postrado. Aun así, siguió escribiendo y conversando hasta el final. Murió el 6 de agosto de 1637 en Londres, en la pobreza. Lo enterraron en la Abadía de Westminster, pero de pie, en un espacio de solo dos pies por dos pies.
Jonson defendió que el teatro debía educar y entretener. Influenció a poetas como los cavalier poets y su legado llegó hasta el siglo XVIII con el neoclasicismo. Muchos lo consideran el segundo gran dramaturgo después de Shakespeare.
Frases de Ben Jonson
- La ambición es como un torrente: no mira nunca hacia atrás.
- Quien no ha afrontado la adversidad no conoce su propia fuerza.
- Después de cometer el error de sufrir un infortunio, el hombre talentoso siempre se recupera.
- ¡Cuán cerca está de ser bueno lo que es hermoso!
- ¡Oh salud, salud! ¡Bendición del rico, riqueza del pobre! ¿Quién podría encontrar demasiado caro el precio por comprarte?
Referencias: