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George Berkeley: biografía e inmaterialismo

¿Quién fue George Berkeley?

George Berkeley fue un filósofo y obispo irlandés cuyo pensamiento marcó un hito en la filosofía empirista a través de su defensa radical del idealismo, conocido también como inmaterialismo. Nació en Dysert, Irlanda, en 1685, y estudió en el Trinity College de Dublín, donde inició su carrera académica con un enfoque en la filosofía y la teología.

Su principal contribución filosófica radica en la teoría conocida como “ser es ser percibido o percibir”, impulsada para combatir el materialismo predominante de su tiempo, que postulaba la existencia de una sustancia material independiente de la percepción. Berkeley argumentó que todas las cualidades y la existencia misma de los objetos dependen de ser percibidos por una mente, postulando que la realidad física no existe sin una mente que la perciba. Esta doctrina fue expuesta inicialmente en sus obras fundamentales: Tratado sobre los principios del conocimiento humano (1710) y defendida en Tres diálogos entre Hylas y Philonous (1713).

En su carrera eclesiástica, fue ordenado sacerdote anglicano y más tarde obispo de Cloyne, cargo en el que combinó su actividad pastoral con la producción intelectual y una preocupación constante por la educación y la filosofía aplicada a la vida social y religiosa.

Berkeley vivió un tiempo en Inglaterra y realizó un viaje a América con la intención de establecer un seminario en Rhode Island, proyecto que no prosperó por falta de fondos. Al final de su vida, regresó a Irlanda, donde falleció en 1753.

Inmaterialismo

George Berkeley critica las cualidades primarias de Locke. Reduce todas las cualidades a secundarias y sostiene que cualquier entidad existe únicamente en la medida en que es percibida. No niega el mundo, sino que rechaza su carácter material. Insiste en que espacio, figura o movimiento no pueden concebirse sin los datos sensibles que los acompañan; no existe un espacio en abstracto, sino el espacio concreto que cada sujeto percibe. De igual modo, no hay movimiento independiente de los cuerpos sensibles. De aquí la célebre fórmula berkeleyana: ser es ser percibido.

Materia, espacio y realidad quedan reducidos a conjuntos de percepciones, lo cual plantea dos cuestiones centrales: primero, el origen de la creencia en una realidad física; segundo, el criterio que permite distinguir entre la realidad y meras ficciones. Berkeley atribuye esta confusión al modo en que el entendimiento humano forma abstracciones que se tratan como realidades. Esto ocurre con nociones como figura”, “movimiento” o, de manera especial, “materia”, idea que Berkeley combate por considerarla una fuente potencial de ateísmo. Berkeley sostiene que la materia no es más que un conjunto de modalidades sensoriales que, por hábito de abstracción, tomamos por entidades reales.

Berkeley afirma que el pensamiento no consiste en ideas abstractas, sino en series de percepciones enlazadas por la memoria. No poseemos la idea de triángulo en abstracto; lo que existe es el recuerdo de percepciones anteriores que permite reconocer como semejante el triángulo presente. La memoria auxilia así a la percepción mediante asociaciones que nos permiten identificar y comprender los objetos sensibles. En este marco, el tiempo adquiere una función primordial: Berkeley distingue entre tiempo vivido —el tiempo real de nuestras emociones— y tiempo abstracto, impersonal y mecánico, propio de las definiciones físicas.

Para Berkeley, la existencia de una cosa está en su percepción, y el pensamiento mismo consiste en la sucesión de imágenes percibidas. El espíritu no puede conocerse a sí mismo, pues es acto de conocer y un acto no puede ser simultáneamente sujeto y objeto. El espíritu es el principio activo del que surgen todas las percepciones.

Realidad y ficción son ideas. La diferencia radica en la voluntad: las ideas impuestas, como las que ocurren en los sueños o alucinaciones, son falsas; las que dependen de la actividad espiritual son verdaderas. Berkeley no niega la existencia del mundo, sino su materialidad; afirma su carácter espiritual, y sostiene que si bien esta realidad depende de los espíritus humanos que la perciben, depende sobre todo del Espíritu absoluto: Dios, creador de aquello que percibimos.

El espiritualismo de Berkeley consiste en reconocer la manifestación de Dios en el mundo. Berkeley ofrece diversos argumentos a favor de la existencia de Dios, especialmente el argumento finalista, mediante el cual concluye que el orden del universo remite necesariamente a un ser absoluto que lo ha dispuesto. Sin embargo, en un universo constituido únicamente por percepciones, Dios se vuelve manifiesto de manera inmediata para los espíritus creados. Por eso, Berkeley sostiene que la existencia de Dios es más claramente percibida que la existencia misma de los hombres.

Berkeley declara que el propósito central de la investigación filosófica es la consideración de Dios y del deber moral, y que su esfuerzo intelectual sería inútil si no lograra despertar en sus lectores un sentimiento piadoso ante la presencia divina.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (14 noviembre 2025). George Berkeley: biografía e inmaterialismo. Celeberrima.com. Última actualización el 15 noviembre 2025.