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San Buenaventura: biografía, teólogo y filósofo medieval

¿Quién fue San Buenaventura?

San Buenaventura, cuyo nombre de nacimiento fue Giovanni di Fidanza, nació aproximadamente en 1217 o 1221 en Bagnoregio, en la actual Italia. La vida de Buenaventura estuvo marcada desde sus primeros años por un acontecimiento que los creyentes relatan como milagroso: gravemente enfermo en su infancia, su recuperación se atribuye a las oraciones que su madre hizo a San Francisco de Asís, lo que influyó en su futura vocación religiosa. Atraído por la pureza y sencillez de la orden fundada por Francisco, ingresó en la Orden Franciscana.

Su formación se desarrolló en la prestigiosa Universidad de París, centro intelectual de la época, donde fue discípulo de Alejandro de Hales. Allí enfrentó la oposición de sectores contrarios a los franciscanos, especialmente de figuras como Guillermo de Saint Amour. Buenaventura defendió a su orden, usando argumentos que reflejaban un equilibrio entre la fe y la razón.

En 1257, fue elegido Ministro General de la Orden Franciscana, cargo desde el cual desempeñó una labor fundamental para pacificar y unificar las corrientes internas que amenazaban con dividir la orden, situándose así como una especie de “segundo fundador”.

En 1273, fue nombrado cardenal obispo de Albano por el papa Gregorio X, participando activamente en el Segundo Concilio de Lyon (1274), donde tuvo un papel destacado en las negociaciones para la unión con la Iglesia griega ortodoxa. Poco después, falleció en Lyon el 15 de julio de 1274. San Buenaventura fue canonizado en 1482 y proclamado Doctor de la Iglesia en 1588, siendo conocido como el “Doctor Seráfico”.

Pensamiento de San Buenaventura

San Buenaventura distingue entre filosofía, sustentada en la razón; y la teología, basada en la fe. Sostiene que la razón es limitada, mientras que la fe es ilimitada. Así, la filosofía, aun siendo necesaria, no puede ser absoluta.

Según Buenaventura, existen dos caminos para conocer lo divino: el mundo y el alma. A través del mundo, el ser humano reconoce la existencia del Creador, pues las criaturas lo proclaman, y esa proclamación llega al hombre por los cinco sentidos, concebidos como puertas por las que ingresan las semejanzas de las cosas, no sus sustancias. No obstante, si el mundo revela la existencia de Dios, el alma lo hace con mayor claridad, siempre que el individuo se adentre en su interioridad.

Para él, la existencia divina es indudable desde un punto de vista objetivo, pero puede ser motivo de duda en la experiencia subjetiva. Aunque afirma que todos los hombres poseen, ya sea de manera imprecisa, una noción de Dios. Aquello que puede ser pensado puede también expresarse, por lo que no es posible enunciar la inexistencia de Dios sin afirmar, implícitamente, su existencia. Esto implica que la idea de Dios debe estar presente en la conciencia para que el pensamiento sobre su existencia sea posible.

Además, San Buenaventura acepta las pruebas tradicionales de la existencia divina basadas en el movimiento y la finalidad, pero concede un valor especial a la prueba ontológica formulada por San Anselmo. El Dios que San Buenaventura descubre en la conciencia humana es el Dios creador, en Él existen pensamientos sobre el mundo, arquetipos de las cosas. Tales arquetipos son los modelos ejemplares de los cuales las criaturas son imagen, vestigio y resonancia. Dios es, por tanto, la causa ejemplar del universo, a la que el hombre se asemeja, aunque no de modo unívoco. Si esa semejanza fuera unívoca, el hombre sería Dios mismo, y el mundo se confundiría con su creador.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (02 noviembre 2025). San Buenaventura: biografía, teólogo y filósofo medieval. Celeberrima.com. Última actualización el 25 enero 2026.