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¿Quién fue San Anselmo?
San Anselmo de Canterbury, nacido en 1033 en Aosta, en Italia, es una figura fundamental en la historia de la teología y la filosofía medieval. Es conocido principalmente por su papel como arzobispo de Canterbury, cargo que desempeñó desde 1093 hasta su muerte en 1109.
Desde joven, Anselmo enfrentó ciertas dificultades para desarrollar su inclinación espiritual debido a la oposición paterna, a los quince años intentó ingresar en un monasterio. Ingresó finalmente en el monasterio benedictino de Santa María de Bec, en Normandía, aproximadamente en 1060, llegando a ser abad del monasterio. Durante este periodo compuso algunas de sus obras más importantes, como el “Monologion” y el “Proslogion”, donde formuló el famoso argumento ontológico para la existencia de Dios, en el que la idea de un ser supremo implica necesariamente su existencia.
Como arzobispo de Canterbury, San Anselmo defendió firmemente la independencia de la Iglesia respecto del poder real, lo que ocasionó varios conflictos con los monarcas Guillermo el Rojo y Enrique I, los cuales le llevaron a ser desterrado en dos ocasiones. Su postura reflejaba su pensamiento teológico, donde sostenía que la fe debía preceder a la razón.
Además de “Monologion” y el “Proslogion”, Anselmo escribió el “De grammatico” y el “De veritate”, dedicados a los problemas del conocimiento, del lenguaje y de la verdad; y el “Cur Deus homo”, obra fundamental para la teología, donde explica por qué Dios se hizo hombre. Asimismo, Anselmo redactó tratados teológicos sobre la gracia, la libertad y diversas oraciones.
Su pensamiento influenció a numerosos filósofos y teólogos posteriores, desde los racionalistas René Descartes y Gottfried Wilhelm Leibniz hasta críticos como Immanuel Kant. Fue declarado Doctor de la Iglesia en 1720.
La compatibilidad entre la razón y la fe
San Anselmo, como San Agustín, sostenía la compatibilidad entre la fe y la razón, aunque introduce una distinción: la razón es un medio para ejercitar la fe. Es importante aclarar que, para Anselmo, la fe constituye siempre el punto de partida indispensable. Sin embargo, no se trata de una fe ciega, por ello, Anselmo sostiene: creo para entender. La inteligencia esclarece la fe. Cuando Anselmo se propone demostrar la existencia de Dios, declara que no busca otra prueba que aquella que surge del encadenamiento necesario de los procedimientos racionales y de la evidencia de la verdad.
En el “De veritate”, la palabra “verdad” se identifica con el ser, es decir, con Dios mismo. Así, para Anselmo, la verdad es esencialmente el ser divino. En el mismo texto, la verdad también se manifiesta en el ámbito del pensamiento humano, como una serie de juicios lógicos propios de la razón. Para determinar cuándo un juicio puede considerarse verdadero, Anselmo distingue entre su forma y su objeto. La verdad alcanza su plenitud cuando se aplica al objeto del conocimiento.
De tal manera que el error proviene de la falta de rectitud en el juicio o de la aplicación incorrecta de este a un objeto. El error no tiene su origen en los sentidos, pues éstos proporcionan datos neutros, sino cuando la razón interpreta erróneamente esos datos. El error, en consecuencia, constituye una falla lógica. Un juicio deja de ser recto cuando pierde su coherencia lógica, o cuando se aplica a un objeto inadecuado.
Argumento ontológico para la existencia de Dios
A Anselmo le interesa la correspondencia entre la verdad de los juicios humanos y la verdad suprema que es Dios, tal es la verdad absoluta. Su metafísica se puede resumir como “la fe que busca apoyarse en la razón”. Su concepción de la verdad conduce inevitablemente a intentar demostrar, “mediante el encadenamiento necesario de los procedimientos racionales”, la existencia de Dios.
San Anselmo se pregunta si sería posible hallar una única prueba que, basándose sólo en sí misma, demostrara la existencia real de Dios. Todos los seres humanos poseen la idea de un ser “por encima del cual nada mayor puede pensarse”. Si esta idea careciera de algún atributo, dejaría de ser la idea del ser absolutamente perfecto. En consecuencia, si se afirmara que dicho ser carece de existencia, se negaría precisamente aquello que lo define como el mayor de todos los seres. Por tanto, para que la idea de un ser supremo sea verdadera, ese ser debe existir necesariamente.
Según san Anselmo, una idea solo puede considerarse verdadera si está libre de contradicciones. Por ello, afirmar que el ser concebido como absolutamente perfecto carece de existencia implica una contradicción lógica. Para evitarla, debe admitirse que el ser perfecto, en tanto que perfecto, existe necesariamente. La idea de un ser “por encima del cual nada mayor puede imaginarse” sólo será perfecta y verdadera si se refiere a un ser real, absolutamente perfecto y existente: Dios.
Esta prueba fue objeto de intensos debates. Gaunilo, monje francés, fue el primero en cuestionarla, sosteniendo que el espíritu humano puede concebir ideas falsas, de la existencia de una idea no se sigue necesariamente la existencia de una realidad. Es posible imaginar “una isla en medio del océano, más rica y maravillosa que cualquier otra, de la sola idea de esa “isla perdida” no puede deducirse que exista realmente”. La idea de un Dios perfecto no implica su existencia.
Frente a la objeción de Gaunilo, san Anselmo responde que, si la “isla perdida” existiera, se comprometería a encontrarla y entregarla para que nunca más se perdiera. Anselmo quiere subrayar que la idea de una isla perfecta es contradictoria, no es posible concebir una isla, por bella que sea, como el ser más grande que pueda imaginarse. El monje francés habla de un ser limitado, mientras que Anselmo se refiere a un ser sin límites. Además, Anselmo no sostiene que de toda idea pueda derivarse la existencia de su objeto; tal deducción es válida únicamente para la idea de Dios, pues esta implica necesariamente la existencia de un ser absolutamente perfecto. La idea de un ser absolutamente perfecto es única y privilegiada.
Ante la pregunta de si esa idea de un ser “por encima del cual nada mayor puede imaginarse” podría ser inconcebible, Anselmo responde que no lo es, ya que el sólo hecho de afirmar que no puede concebirse supone concebirla.
Referencias:
- Xirau, R. (1998). Introducción a la historia de la filosofía. Universidad Nacional Autónoma de México.
- Anselmo de Canterbury – Wikipedia, la enciclopedia libre, (26/10/2025).
- San Anselmo de Canterbury | Biografía, teología, filosofía, argumento ontológico y hechos | Enciclopedia Británica, (26/10/2025).