Menú Cerrar

Neoplatónicos: Plotino y la filosofía del Uno

La escuela neoplatónica fue fundada por Plotino (205-270), en él, se concentra el sentido más elevado y final de la tradición filosófica que tuvo su origen en Platón. La patria de Plotino es incierta; no existe certeza sobre su lugar de origen. Se sabe que vivió en Alejandría, donde fue discípulo de Ammonio Saccas, y que posteriormente se trasladó a Roma. Plotino intentó, sin lograrlo, establecer una ciudad ideal llamada Platonópolis, concebida como la materialización del Estado perfecto imaginado por Platón.

Porfirio, su discípulo y biógrafo, lo describió como casi incómodo con la existencia corporal. Según Porfirio, Plotino sentía vergüenza de poseer un cuerpo y evitaba toda referencia a su familia o lugar de origen. Incluso se negaba a que lo retrataran. Cuando su discípulo Amelio le pidió que permitiera que lo pintaran, Plotino respondió con ironía: “¿No basta ya, le dijo, con llevar esta imagen en que la naturaleza nos ha encerrado, sino que además ha de ser preciso trasmitir a la posteridad la imagen de esa imagen como si fuere un objeto que valiera la pena de ser contemplado?”.

Plotino, como los epicúreos, estoicos y escépticos, busca la felicidad en la contemplación, pero lo hace desde una perspectiva religiosa y espiritual. Su interpretación del universo es jerárquica, y se sustenta en un método deductivo, partiendo de los principios más universales y absolutos para descender a las consecuencias particulares y relativas. Lo particular solo adquiere significado en relación con lo universal, y lo relativo, con lo absoluto. La cúspide de esta jerarquía es el Uno, la realidad suprema. Por su infinitud, el Uno es indefinible e inefable: excede las palabras, los conceptos y la lógica humana. También, el Uno es fuente y origen de toda realidad; puede considerarse causa primera por su unidad y causa final por su bondad.

Para Plotino, la primera y más elevada emanación del Uno es el mundo inteligible, una realidad análoga al universo de las Ideas descrito por Platón, al cual se accede mediante la razón, aunque su causa última y su sentido profundo deben buscarse en el misterio inefable del Uno. Las Ideas, tanto en Plotino como en Platón, son eternas, espirituales y esenciales. Sin embargo, en el sistema neoplatónico, las Ideas no existen independientemente del Uno, sino que son las Ideas que el Uno tiene sobre las cosas. Desde este mundo inteligible, emana eternamente el mundo del alma.

La materia, última de las emanaciones, debe entenderse como el receptáculo del que hablaba Platón. La materia, en este sentido, es pura indeterminación: un modo de no-ser, una posibilidad todavía sin forma. Cada emanación puede considerarse materia respecto de la anterior en la jerarquía cósmica. Así, el alma es materia en relación con las Ideas, que a su vez lo es en relación con el principio absoluto, el Uno.

En la concepción de Plotino, toda realidad conduce a una instancia superior: desde la materia al alma, del alma al mundo de las Ideas, y de éste al principio absoluto, el Uno o Dios. Sin embargo, señala que este Dios trasciende toda definición posible, ya que su infinitud impide cualquier intento de aprehensión racional. Para él, la única forma de conocimiento de lo divino es la experiencia mística, entendida como la unión entre el sujeto y el objeto, entre el alma y Dios. Esto es posible porque, en un universo concebido como una unidad, cada individuo participa de esa infinitud que pertenece al Uno. Citando al propio Plotino: “Cerremos los ojos del cuerpo para despertar los del espíritu, para despertar en nosotros otra visión que todos poseen, pero que muy pocos utilizan”.

La mística de Plotino es puramente contemplativa, para él, la contemplación es un medio para alcanzar la unión con lo divino. Plotino renuncia a lo corporal, se desentiende del mundo material y se consagra a la visión pura del absoluto.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (26 octubre 2025). Neoplatónicos: Plotino y la filosofía del Uno. Celeberrima.com. Última actualización el 26 octubre 2025.