En 1994, el académico estadounidense Richard D’Aveni introdujo un nuevo término considerando los vertiginosos e inestables mercados: la hipercompetencia. En general, la idea consiste en que la ventaja competitiva ha sido despojada de su carácter duradero, pues en un entorno saturado de rivales ágiles y de rápidos imitadores, ninguna superioridad puede sostenerse por mucho tiempo. Así, la ventaja competitiva es, en el mejor de los casos, transitoria, y su perdurabilidad resulta ilusoria. Peor, lo que una vez distinguió a una organización puede convertirse en una desventaja, en un lastre.
La globalización intensificó el intercambio comercial e incrementó el número de competidores. En este contexto, los ciclos de innovación se aceleran y la previsión se vuelve un ejercicio cada vez más incierto y arriesgado. La hipercompetencia se distingue por la velocidad y escala del cambio, donde las ventajas son rápidamente trivializadas y la innovación es constante.
En contextos hipercompetitivos, la inestabilidad e impredecibilidad son la regla. Siendo así, las herramientas tradicionales de análisis se vuelven poco útiles, en consecuencia, las empresas deben ajustar su estrategia con celeridad. Las organizaciones líderes de hoy pueden ser irrelevantes mañana, por tanto, las organizaciones necesitan flexibilidad y agilidad, como nunca antes.
Los recursos que en otros tiempos significaban poder y diferenciación se tornan rápidamente obsoletos cuando los rivales logran igualarlos o superarlos. La inercia y el apego a ventajas pasadas y antiguas maneras de hacer las cosas se convierten en un obstáculo para adaptarse al cambio, el cual es permanente.
El escenario hipercompetitivo está marcado por la vorágine competitiva y la constante irrupción de innovaciones, las cuales que dificultan la previsión. El constante lanzamiento de productos es un mecanismo de supervivencia, pues sólo quienes innovan de manera regular y con audacia logran mantener su relevancia ante consumidores cada vez más volátiles y exigentes.
La ventaja competitiva sostenida resulta insuficiente en una situación de hipercompetitividad, la estabilidad de antaño ahora es un riesgo, una posición consolidada puede debilitarse en cuestión de meses o incluso semanas. La innovación incesante se ha consagrado como condición de existencia. El cambio no es una excepción, es la norma. La resistencia organizacional debe ceder ante la adaptabilidad, pues sólo aquellas empresas que adoptan una mentalidad de experimentación y reinvención permanente logran sobrevivir y prosperar en una arena tan dinámica.
Referencias:
- García Cali, E.R., García Tamayo, D.M., Cardeño Portela, E. (2018). Mercadeo estratégico basado en capacidades hipercompetitivas para enfrentar mercados turbulentos. Revista Espacios. Vol 39. Núm 4.
- Reyes, G.E. (2007). Variable tiempo y paradigma de hipercompetencia: asignación de recursos y aplicación del teorema de separación de oportunidades de Fisher. Tendencias. Revista de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas. Universidad de Nariño. Vol VIII. No. 1. pp 7-21.