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¿Qué es la evolución?
¿Alguna vez te has preguntado cómo es que hay tantos tipos de plantas, animales y bacterias diferentes en el mundo? La evolución es el proceso por el cual las poblaciones de seres vivos cambian poco a poco sus características, las cuales heredan de una generación a la siguiente, lo que ha permitido que toda la vida en la Tierra, desde las bacterias más simples hasta nosotros, los humanos, provenga de ancestros comunes lejanos y se haya diversificado de formas increíbles a lo largo de miles de millones de años.
Piensa en tu familia, cada quien hereda ciertos rasgos de los papás y abuelos, como el color de ojos o la forma de la nariz, pero con pequeñas variaciones que se van acumulando con el tiempo. Pues eso ha estado ocurriendo durante millones de años en poblaciones enteras de organismos que compiten por sobrevivir en un mundo que no para de cambiar, ya sea que la temperatura global aumenta o disminuye, islas o cordilleras se forman, depredadores que aparecen, etc. No es que un animal “decida” volverse más fuerte o más rápido de la noche a la mañana; lo que sucede es que los individuos que tienen una característica que les da una ventaja para comer, escapar de peligros o reproducirse, tienen más probabilidades de dejar descendientes que hereden esa misma característica. Con el paso del tiempo, esa ventajita se vuelve común en toda la población, y poco a poco la especie se adapta o incluso da lugar a nuevas especies. Charles Darwin y Alfred Russel Wallace fueron los que, allá por el siglo XIX, se dieron cuenta de esto y lo llamaron selección natural.
Un ejemplo es el de los perros. Todos vienen de lobos salvajes que hace miles de años empezaron a acercarse a los humanos. Los que eran más mansos, mejores para cazar o para avisar de algún peligro, se reproducían más cerca de nosotros, pues eran mejor aceptados por los grupos humanos, y con el tiempo surgieron razas tan distintas como un chihuahua o un gran danés. Fue la selección natural y después la domesticación. Otro ejemplo clásico son los pinzones que Darwin vio en las Galápagos. En cada isla había semillas o insectos, así que los pájaros con picos más gruesos sobrevivían mejor donde había semillas más duras, y los de picos finos donde había insectos o cactus. Después de algún tiempo, cada isla terminó con su propia versión de pinzón, todos emparentados, pero adaptados a su entorno.
Otro factor son las mutaciones, que son como pequeños errores de copia cuando se replica el ADN y que introducen variaciones nuevas, algunas útiles, otras que ni ayudan ni perjudican y también las hay perjudiciales. En poblaciones pequeñas puede haber deriva genética, donde por mera suerte una característica se vuelve más común aunque no sea la mejor. Y el flujo de genes, cuando individuos migran y llevan sus rasgos a otro grupo, también remueve la baraja. De modo que la evolución no es una línea recta hacia lo mejor o lo más complejo, sino más bien como un árbol frondoso que se ramifica en todas direcciones según lo que funcione en cada momento y lugar. Piensa en las bacterias que se vuelven resistentes a los antibióticos. Una mutación casual hace que una sobreviva al medicamento, se multiplica y en pocas generaciones todo el grupo es resistente.
¿Cómo sabemos que esto es real y no solo una idea bonita? Los fósiles nos muestran formas intermedias, como esos antiguos mamíferos que poco a poco perdieron las patas y se convirtieron en ballenas, o los restos que enlazan a nuestros ancestros con los humanos modernos. La anatomía comparada nos revela que tenemos huesos en el brazo que son iguales a los de un murciélago o una ballena, solo que usados para cosas distintas, como alas o aletas; eso se llama homología y grita a los cuatro vientos que compartimos ancestros. El ADN es la prueba más contundente de todas, pues todos los seres vivos comparten mecanismos genéticos fundamentales, y cuanto más parecidos somos, más reciente es nuestro ancestro común.
La evolución explica cómo y por qué las especies cambian. Todo partió de un ancestro común hace unos 4200 millones de años, y desde ahí la vida se ha ramificado, adaptado y reinventado una y otra vez. Es lo que nos conecta con cada hoja, cada flor, cada ave, cada mamífero y cada microbio del planeta.
Las mutaciones del ADN son origen de la variabilidad genética
El ADN es como el manual de instrucciones que todas las células de un ser vivo consultan para saber cómo armar proteínas, crecer y funcionar día a día. Pues bien, cada vez que una célula se divide para multiplicarse, y eso pasa constantemente en tu cuerpo, en una planta o en una bacteria, ese manual se copia letra por letra. A veces, como cuando copias una receta a mano y te equivocas en una palabra, surge un pequeño error. Ese error se llama mutación, es decir, un cambio en la secuencia del ADN. Las mutaciones son precisamente la fuente de todas las diferencias que vemos en el ADN entre individuos, entre familias y, a lo largo del tiempo, entre especies enteras.
Piensa en tu familia o en tus amigos: ¿por qué unos tienen ojos cafés, otros azules, o por qué algunos son más altos? Esas diferencias empezaron como mutaciones aleatorias en el pasado, en algún ancestro lejano. La mayoría de esas copias erróneas no cambian gran cosa, otras pueden ser perjudiciales, pero unas pocas resultan ventajosas. Solo las mutaciones que ocurren en las células que van a formar óvulos o espermatozoides, las llamadas germinales, se transmiten a las crías y se convierten en parte del patrimonio genético de la población. Las demás, las que pasan en el resto del cuerpo, se quedan con esa persona.
Para que los cambios sucedan, hace falta materia prima, en otras palabras, diferencias en el ADN que den a algunos individuos una pequeña ventaja para sobrevivir, reproducirse o adaptarse a lo que la vida les ponga enfrente. Sin mutaciones, todo el mundo tendría el ADN idéntico. Darwin lo intuyó hace más de 150 años, pero la genética moderna lo confirmó: las mutaciones generan variabilidad genética, y luego procesos como la selección natural, la deriva genética o incluso el flujo de genes entre poblaciones se encargan de decidir qué diferencias se permanecen y cuáles no.
Retomando el ejemplo de las bacterias y los antibióticos, cuando tomas un medicamento para una infección, las bacterias mueren, al menos la mayoría, pero de repente, una bacteria sobrevive gracias a una mutación al azar en el ADN, quizá un minúsculo cambio que altera la forma en que el antibiótico se une a ella, después esa bacteria se multiplica. Sus descendientes heredan esa mutación y, en pocas generaciones, toda la población es resistente. La mutación ya estaba ahí por casualidad, y el antibiótico simplemente favoreció a las que la tenían. Lo mismo pasa con cosas como la tolerancia a la lactosa en algunos humanos, una mutación permitió a ciertos grupos seguir digiriendo leche de adultos, y en regiones donde el ganado era clave para la supervivencia, esa diferencia se extendió ya que estos adultos tenían más energía y más hijos en consecuencia.
Las mutaciones no tienen dirección ni propósito; ocurren al azar, ya sea por errores naturales al copiar el ADN, por radiación ultravioleta del sol, químicos en el ambiente o simplemente porque la maquinaria celular no es perfecta. Pero, sin ellas, no habría diversidad. La evolución depende de esa variabilidad para que la selección natural actúe como un editor paciente que va guardando las versiones que funcionan mejor en cada entorno. Si bien las mutaciones son al azar, la selección natural no es un proceso aleatorio, preservando las mutaciones beneficiosas y eliminando aquellas que son perjudiciales. En cierto modo, las mutaciones son como errores creativos que, generación tras generación, permiten que la vida explore nuevas formas de ser y de adaptarse.
Mutaciones heredables y selección natural
Algunas mutaciones son heredadas, profundicemos un poco en ello. A veces, durante la copia del ADN, ocurre un pequeño error, lo que conlleva a una mutación. Si el error sucede en las células del cuerpo, como en la piel o el estómago, se queda ahí, en ti, y no lo transmites a tus hijos. Pero cuando la mutación ocurre en las células que forman los espermatozoides o los óvulos, ese cambio se copia en el siguiente bebé y se hereda, pasando de padres a hijos y luego a nietos. Son las llamadas mutaciones germinales.
La evolución necesita materia prima, algo que varíe entre los individuos para que la naturaleza pueda “elegir” qué funciona mejor. Imagina un montón de conejos en un bosque, todos parecidos, pero gracias a una mutación heredada, uno nace con el pelaje algo más café, que lo camufla mejor contra los depredadores. Ese conejo tienen más probabilidades de sobrevivir, por lo que tiene más crías, a las cuales les hereda esa mutación. Con el tiempo, el bosque se llena de conejos con el pelaje algo más café. Sin mutaciones que se pasen a la siguiente generación, no habría nuevas versiones de genes para que ocurra la selección natural; las especies se quedarían congeladas, sin poder adaptarse a sequías, virus o cambios de clima.
De manera similar, los insectos que han desarrollado resistencia a los pesticidas tienen mayores probabilidades de sobrevivir y transmiten estás características a su descendencia. Los rasgos que favorecen su sobrevivencia se vuelven frecuentes y la población de insectos se vuelve resistente a los pesticidas. El cuello de las jirafas les permite alcanzar las hojas en la parte más alta de los árboles. Las jirafas con cuellos más largos tienen mayores posibilidades de conseguir alimento y, por lo tanto, de sobrevivir y heredar sus características. Los individuos de una población que se confunden con el follaje tiene más oportunidades de sobrevivencia, será más difícil que un depredador los descubra, estos individuos se volverán más comunes en la población, y en el largo plazo, toda la población se confundirá con el follaje.
Pero no todas las mutaciones heredables son buenas; muchas son neutras, como cambiar el color de los ojos; y otras son dañinas, pero la selección natural se encarga de filtrar. Las útiles se quedan y se acumulan poco a poco, creando diferencias que con millones de años terminan en especies nuevas. “Las únicas mutaciones que importan para la evolución son las que pueden pasar a las crías, porque solo ellas alimentan la diversidad que la selección natural forma”. En la lotería genética solo los boletos que se pasan de mano en mano pueden ganar el premio de la adaptación.

Selección natural, especies y extinción
La vida en la Tierra está en constante movimiento, todo cambia poco a poco a lo largo de millones de años. Las poblaciones de seres vivos van transformándose con el tiempo, generación tras generación. La selección natural actúa como un filtro inteligente de la naturaleza, elige al que mejor se adapta a las condiciones del momento. Aquellos que tienen una característica heredable que les ayuda a conseguir más recursos, como ser un poco más rápidos para atrapar presas o más resistentes a una enfermedad, tienen más probabilidades de tener hijos que sobrevivan y hereden esa ventaja a la siguiente generación. Con el tiempo, esa característica se vuelve más común en una población.
Una especie es un grupo de organismos que pueden cruzarse entre sí en la naturaleza y producir crías sanas y fértiles, pero que están aislados reproductivamente de otros grupos parecidos. La evolución actúa sobre las poblaciones dentro de una especie, las variaciones se acumulan, las adaptaciones se afianzan y, si el aislamiento es suficiente, puede surgir una nueva especie. Es como si una rama de la familia se mudara a otra ciudad, cambiara sus costumbres con el tiempo y luego ya no encajara con los que se quedaron atrás.
La extinción es el lado opuesto de la moneda y el recordatorio de que la evolución no garantiza el éxito. Cuando un grupo no logra adaptarse lo suficientemente rápido a cambios drásticos, ya sea un clima nuevo, un depredador invasor, una competencia feroz o un asteroide que lo cambia todo, simplemente deja de haber individuos que se reproduzcan. La especie desaparece por completo. Piensa en los dinosaurios, la mayoría se extinguieron hace 66 millones de años porque un evento catastrófico alteró el planeta de golpe y las adaptaciones que tenían no fueron suficientes para las nuevas condiciones. También hay extinciones donde las especies van desvaneciendo poco a poco porque otras mejor adaptadas las desplazan. La selección natural también explica por qué algunos linajes terminan su camino. La vida prueba miles de variaciones y solo las que encajan siguen bailando.
Te recomendamos:
Referencias:
- Revista de Bioética y Derecho – UB
- Evidencias de la Evolución
- Evolución biológica – Wikipedia, la enciclopedia libre
- Genética 101 – Cómo entender la genética – NCBI Bookshelf
- Mutación
- Las mutaciones
- The Evolutionary Interplay of Somatic and Germline Mutation Rates | Annual Reviews
- Differences between germline and somatic mutation rates in humans and mice | Nature Communications
- DNA mutation rates in evolution, longevity, and disease: An evolutionary and biological trade-off – ScienceDirect
- The effects of mutations
- Evolution – Diversity, Extinction, Adaptation | Britannica
- El impacto de la teoría evolutiva en nuestra concepción de la naturaleza | EPISTEMUS
- 6: Evolución – LibreTexts Español
- La evolución es importante, pero podría no ser lo que pensamos
- Selección natural
- Darwin y la teoría de la evolución. Grupo Ciencia, Razón y Fe (CRYF). Universidad de Navarra
- Evolution and Natural Selection – Introduction to Global Change
- Adaptation, speciation and extinction in the Anthropocene | Proceedings B | The Royal Society