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Rousseau: biografía, contrato social y frases

¿Quién fue Rousseau?

Jean-Jacques Rousseau fue un filósofo, botánico, músico y escritor suizo, nacido el 28 de junio de 1712 en Ginebra. Su padre, Isaac Rousseau, era relojero, y su madre, Suzanne Bernard, falleció pocos días después de su nacimiento. En 1722, quedó bajo el cuidado de su tío paterno, Samuel. Se formó como aprendiz de relojero y grabador, oficios que ejerció de manera eventual. En 1728, abandonó su hogar y llevó una vida itinerante hasta conocer a Madame de Warens en Annecy. En 1733, iniciaron una relación sentimental.

En 1743, publicó Disertación sobre la música moderna y ese mismo año fue nombrado secretario del embajador de Francia en la República de Venecia. En 1745, comenzó su relación con Thérèse Levasseur, con quien convivió durante años y se casó en 1768. Durante este periodo trató a Voltaire, D’Alembert y Diderot, y colaboró en La Enciclopedia mediante artículos sobre música y teoría política.

En 1750, apareció el Discurso sobre las ciencias y las artes. Dos años después presentó El adivino del pueblo, una ópera en un acto. En 1755, publicó el Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, donde sostuvo que la propiedad privada es la raíz de la desigualdad social, en contraste con la concepción lockeana que la consideraba un derecho natural. Estas obras lo enfrentaron con la Iglesia católica y a Voltaire.

En 1756, publicó Carta sobre la Providencia en respuesta al Poema sobre el desastre de Lisboa de Voltaire, quien contestó con Cándido o el optimismo. Rousseau replicó posteriormente con la Carta a D’Alembert sobre los espectáculos, donde criticó el teatro, género cultivado por Voltaire.

En 1757, se enamoró de Madame Sophie d’Houdetot y le escribió las Cartas morales. En 1758, publicó Julia, o la nueva Eloísa. En 1762, redactó un melólogo (un monólogo musical y teatral) que se estrenó en 1770 y publicó Emilio, o de la educación y El contrato social, o Principios del derecho político. Estas obras provocaron la hostilidad del Parlamento de París, que ordenó su arresto, lo que lo obligó a refugiarse en Suiza.

En 1764, Pasquale di Paoli le solicitó redactar una constitución para la República Corsa. Ese mismo año, Voltaire publicó El sentimiento de los ciudadanos, donde revelaba que Rousseau había entregado a cinco de sus hijos a un hospicio.

En 1766, se trasladó a Londres, acogido por David Hume. La estancia fue difícil y regresó a Francia en 1767 bajo el nombre falso de Jean-Joseph Renou. En 1770, recuperó su nombre con la condición de no publicar nuevos escritos. En 1776, inició Ensoñaciones de un paseante solitario, obra que quedó inconclusa debido a su muerte el 2 de julio de 1778.

Entre sus aportaciones destacan la propuesta de una religión natural, basada en principios morales accesibles a la razón. En Emilio, defendió una educación centrada en actividades prácticas, opuesta al énfasis tradicional en lo teórico, y rechazó los castigos corporales en la formación escolar. En El contrato social, acuñó el concepto de voluntad general, entendida como la orientación hacia el bien común; afirmó que, cuanto mayor es la población, mayor debe ser el esfuerzo del Estado por representarla. También sostuvo que la ley debe surgir de la deliberación pública, de modo que cada ciudadano, al obedecerla, se obedece a sí mismo.

Rousseau afirmó que la República, en cualquiera de sus formas, es la única forma legítima de gobierno, pues su finalidad es el interés público definido por la voluntad general. Asimismo, se le considera precursor del concepto de alienación, entendido como las limitaciones que pesan sobre el individuo debido a factores sociales, económicos o políticos ajenos a él.

Aunque se le reconoce como una de las figuras centrales de la Ilustración, casi todas las tesis rousseaunianas se oponen frontalmente a las de Voltaire.

El estado de la naturaleza

Según Rousseau los seres humanos son buenos cuando viven en un estado primitivo que los mantiene próximos a la vida natural. En tiempos de Rousseau, el mito del “buen salvaje” adquiere plena forma, como lo muestra Diderot en el Suplemento al viaje de Bougainville. Su doctrina desemboca en un nuevo modelo de Estado, desarrollado en sus obras como el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres y El contrato social. En la primera distingue dos clases de desigualdad: la física y la moral. Siendo la desigualdad física un hecho natural que no admite discusión jurídica. De tal modo que cuando Rousseau habla de desigualdad se refiere siempre a la desigualdad moral o política, surgida únicamente con la vida social.

El ser humano primitivo, solitario, instintivo y cercano a la naturaleza, no conocía ese tipo de desigualdad. Esta aparece cuando los individuos empiezan a agruparse, en el vínculo social surgen la envidia, las ansias de poder y las diferencias entre quienes lo integran. Rousseau sitúa el origen del mal moral y político en el egoísmo, ejemplificado en la figura de aquel primer hombre que, al cercar un terreno y declararlo propio, encontró quien aceptara su afirmación. Para Rousseau, ese acto funda la sociedad civil y marca el inicio del mal, pues implica abandonar el estado natural para someterse a una organización social.

El ser humano es bueno por naturaleza y se corrompe cuando deja de ser lo que era; lo que sucede cuando concede mayor valor al tener que al ser, y cuando deja de reconocer que la naturaleza produce para todos, creyendo en cambio que cada individuo puede imponer su voluntad caprichosa.

Contrato social

Ya integrado en la sociedad, el ser humano puede sentir añoranza por el estado natural, aunque sabe que sería irracional e imposible deshacer la vida social que él mismo ha creado. Por ello Rousseau no propone regresar al estado de naturaleza. Su propósito, declarado en El contrato social, es establecer una forma de organización política que asegure el bien común.

El contrato social parte de la existencia ya dada de la sociedad. En Emilio, Rousseau se propone formar al niño y luego al adolescente para que vivan en sociedad sin perder su bondad original; pero en el El contrato social busca construir la sociedad civil sobre fundamentos capaces de sostenerla y, a la vez, de asegurar la libertad y la igualdad de sus miembros. Rousseau sostiene que devolver al ser humano su libertad exige establecer los principios de un auténtico contrato social.

Rousseau discrepa de Hobbes porque considera que la fuerza pertenece al orden físico, no al moral. Un Estado que se apoyara exclusivamente en ella, como el que imagina Hobbes, no podría evitar la guerra, ya que la fuerza puede ser reemplazada por otra mayor. La fuerza provoca represalias, la tiranía genera revolución y, en consecuencia, ningún orden político legítimo puede fundarse en un principio puramente físico; requiere un fundamento moral. En palabras de Rousseau: “El más fuerte no será nunca bastante fuerte para ser siempre el amo si no transforma la fuerza en derecho y la obediencia en deber.” Así, el contrato entre hombres libres debe basarse en los conceptos de derecho y deber. De ello se sigue que el Estado y la soberanía descansan en la voluntad general. Rousseau entiende la voluntad general como un principio moral, una decisión racional que se forma lejos de las pasiones y que se expresa, en la práctica, mediante el derecho y el deber. La voluntad general es la voluntad conforme a la verdad, no necesariamente la voluntad de la mayoría.

Rousseau muestra inclinaciones democráticas, pero, para él, la democracia no se identifica con el parlamentarismo. En un régimen parlamentario es más probable que aparezca la voluntad general, pero incluso un grupo reducido podría encarnarla. El núcleo de la democracia rousseauniana radica en su noción de soberanía, no en el gobierno de las mayorías. El contrato social, al que deben remitirse todas las voluntades particulares, hace que el pueblo otorgue su soberanía al sistema político —sea democrático, aristocrático o monárquico—. Cuando el soberano ignora la voluntad general y se opone al bien común, deja de representar al pueblo. Un gobernante que actúa contra el bien del pueblo pierde su legitimidad.

Frases de Rousseau

  1. Donde quiera que veáis la moderación sin tristeza, la concordia sin esclavitud, la abundancia sin profusión, decid confiadamente; es un ser venturoso el que aquí manda.
  2. El alma resiste mucho mejor los dolores agudos que la tristeza prolongada.
  3. Un buen padre vale por cien maestros.
  4. Las cartas de amor se escriben empezando sin saber lo que se va a decir, y se terminan sin saber lo que se ha dicho.
  5. La única parte realmente útil de la medicina es la higiene. La higiene, empero, es más bien una virtud que una ciencia.
  6. Detesto más las malas máximas que las malas acciones.
  7. Ser adulto es estar solo.
  8. Es muy difícil someter a la obediencia a aquel que no busca mandar.
  9. Quitad de los corazones el amor por lo bello, y habréis quitado todo el encanto a la vida.
  10. Todas las pasiones son buenas mientras uno es dueño de ellas, y todas son malas cuando nos esclavizan.
  11. La clase de felicidad que necesito es menos hacer lo que quiero que no hacer lo que no quiero.
  12. Las ideas generales y abstractas son fuente de los más grandes errores humanos.
  13. Las injurias son las razones de los que tienen culpa.
  14. Nadie puede ser feliz si no se aprecia a sí mismo.
  15. Trabajar constituye un deber indispensable para el hombre social. Rico o pobre, poderoso o débil, todo ciudadano ocioso es un ladrón.
  16. Los remordimientos se adormecen en la prosperidad y se agudizan en los malos tiempos.
  17. Si hubiera una nación de dioses, éstos se gobernarían democráticamente; pero un gobierno tan perfecto no es adecuado para los hombres.
  18. Siempre he creído que lo bueno no era sino lo bello puesto en acción.
  19. No es nada fácil abandonar la virtud; ella atormenta durante mucho tiempo a los que la abandonan.
  20. Es muy difícil pensar noblemente cuando no se piensa más que para vivir.
  21. La única costumbre que hay que enseñar a los niños es que no se sometan a ninguna.
  22. Las ciudades son el abismo de la especie humana.
  23. El vicio rara vez se insinuó oponiéndose a la honradez; casi siempre toma el disfraz de ésta.
  24. El hombre padece pocos males, si se exceptúan los que él mismo se atrae por el abuso de sus facultades.
  25. La naturaleza ha hecho al hombre feliz y bueno, pero la sociedad lo deprava y lo hace miserable.
  26. La juventud es el momento de estudiar la sabiduría; la vejez, el de practicarla.
  27. Si la razón hace al hombre, el sentimiento lo conduce.
  28. Podemos adquirir la libertad, pero nunca se recupera una vez que se pierda.
  29. La libertad no es fruto que crezca en todos los climas, y por ello no está al alcance de todos los pueblos.
  30. Yo detesto los libros, pues sólo enseñan a la gente a hablar de lo que no entienden.
  31. El más fuerte no es nunca lo bastante fuerte para ser siempre el amo, si no transforma su fuerza en derecho y la obediencia en deber.
  32. La gratitud es un deber que debiera ser recompensado, pero que nadie debe esperar la remuneración.
  33. Es verdaderamente libre aquel que desea solamente lo que es capaz de realizar y que hace lo que le agrada.
  34. El hombre que no conoce el dolor, no conoce ni la ternura de la humanidad ni la dulzura de la conmiseración.
  35. ¡Desgraciado de aquel que no sabe sacrificar un día de placer a los deberes de la humanidad!
  36. La libertad es la obediencia a la ley que uno mismo se ha trazado.
  37. Si quitáis de los corazones el amor a lo bello, quitaréis todo el encanto de vivir.
  38. Quien inventó el primer vestido inventó el amor.
  39. Al salir de ciertas bocas, la misma verdad tiene mal olor.
  40. Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas.
  41. Los ignorantes son grandes charlatanes y los entendidos hablan muy poco.
  42. Preparar al niño para que siga el camino de la verdad, cuando llegue a la edad de comprenderla; y al de la bondad, cuando pueda reconocerla y amarla.
  43. Una ventaja de las buenas acciones es que elevan el alma y la predisposición para hacer otras mejores.
  44. No conozco mayor enemigo del hombre que el que es amigo de todo el mundo.
  45. Los temores, las sospechas, la frialdad, la reserva, el odio, la traición, se esconden frecuentemente bajo ese velo uniforme y pérfido de la cortesía.
  46. La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces.
  47. La fama no es sino el aliento de la gente, y a veces insalubre.
  48. Los animales tienen corazón y pasiones, pero la santa imagen de lo honesto y de lo bello sólo puede tener cabida en el corazón humano.
  49. El hombre honrado no encontrará jamás una amiga mejor que su esposa.
  50. El hombre ha nacido libre y en todas partes está encadenado.
  51. La infancia es el sueño de la razón.
  52. La infancia es la acción en espera.
  53. Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza.
  54. El hombre que más ha vivido no es aquel que más años ha cumplido, sino aquel que más ha experimentado la vida.
  55. No hacer el bien ya es un mal muy grande.
  56. La experiencia demuestra que el hombre no puede ser virtuoso sin la religión.
  57. El dinero es la semilla del dinero y el primer duro es más difícil de ganar que el segundo millón.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (20 noviembre 2025). Rousseau: biografía, contrato social y frases. Celeberrima.com. Última actualización el 20 noviembre 2025.