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¿Quién fue John Locke?
John Locke fue un filósofo y médico inglés, nacido el 29 de agosto de 1632 en Wrington, Inglaterra. Se le considera uno de los más influyentes pensadores del empirismo y el liberalismo clásico, cuyas ideas sentaron las bases filosóficas de la Ilustración europea y la teoría moderna del gobierno democrático. Se distinguió por su defensa de la tolerancia religiosa, la libertad civil y la monarquía constitucional. Sus padres eran puritanos. Su padre era un abogado y funcionario judicial que sirvió en las fuerzas parlamentarias durante la Guerra Civil Inglesa.
A los catorce años, Locke fue admitido en la Westminster School de Londres, y seis años después ingresó a la Universidad de Oxford, donde estudió filosofía y medicina. Durante la década de 1660, entró en contacto con figuras clave del pensamiento científico y filosófico, como Robert Boyle, Thomas Willis y Robert Hooke. Boyle, fundador de la Royal Society, fue su principal mentor en las ciencias naturales. En 1668, Locke se convirtió en miembro de dicha institución.
En 1667, fue nombrado médico personal de Anthony Ashley Cooper, conde de Shaftesbury, a quien practicó una operación exitosa. El conde, uno de los fundadores del partido whig —antecesor del Partido Liberal Británico—, ejerció una notable influencia en el pensamiento político de Locke.
En 1683, Locke se vio obligado a huir a los Países Bajos tras ser acusado de participar en una conspiración contra el rey Carlos II de Inglaterra y su hermano Jacobo. Durante sus años de exilio, Locke finalizó obras clave como los Dos ensayos sobre el gobierno civil y la Carta sobre la tolerancia, profundizando en su defensa de la libertad religiosa y la separación de poderes. Al regresar a Inglaterra tras la Revolución Gloriosa, sus ideas tuvieron un impacto decisivo en la configuración política y filosófica del Reino Unido y, posteriormente, en América y Europa. Falleció el 28 de octubre de 1704 en Essex.
Tolerancia y contrato social
Locke, defensor del parlamentarismo, puede considerarse el primer liberal inglés en materia política. Sus reflexiones sobre el Estado —expresadas en los Dos ensayos sobre el gobierno civil— constituyen respuestas directas a las doctrinas del Estado absoluto defendidas por Hobbes. Locke define el derecho natural como el derecho de la razón. El núcleo de la teoría política lockeana se encuentra en su concepción de libertad. Locke, en contraste con Hobbes, afirma que el estado natural del ser humano es la igualdad. En esta igualdad de razón y libertad, Locke identifica la única garantía de supervivencia, pues el poder ejercido como fuerza bruta no protege, sino que anula y amenaza la vida personal. De tal manera que Locke privilegia la libertad sobre la seguridad. El pacto natural, basado en la razón e intereses comunes, tiene para Locke mayor legitimidad que el pacto artificial propuesto por Hobbes.
El contrato social perfecciona el derecho inherente a la naturaleza racional y libre de todos. Mientras que en Hobbes los individuos renuncian a sus derechos en favor de un soberano único, en Locke el acuerdo es bilateral y obliga tanto a los ciudadanos como a los legisladores y al propio rey, considerado un ciudadano más. Para Locke, el pacto social establece una relación recíproca. El poder real se encuentra limitado por las leyes que legitiman su autoridad.
En su Carta sobre la tolerancia, Locke desarrolla su concepto de libertad, entendida como tolerancia. Esta implica permitir la expresión de opiniones contrarias al gobierno o a sus prácticas. Para Locke, sólo en un caso cabe la intolerancia: cuando alguien actúa contra la ley natural, es decir, contra la razón. En este sentido, Locke considera legítimo ser intolerante frente a la intolerancia. Locke dirige esa intolerancia hacia los “papistas” —los católicos— por intentar imponer sus creencias y oponerse a la tolerancia religiosa, y hacia los ateos, que al negar a Dios niegan también el fundamento racional de la naturaleza.
El origen de las ideas y la sustancia
El Ensayo sobre el entendimiento humano de Locke inicia con una refutación del innatismo, continúa con la explicación del origen empírico de las ideas y concluye con una indagación sobre los límites y la certeza del conocimiento humano. Para Locke, si Dios creó un mundo destinado a ser visto, sentido y comprendido, no sería lógico suponer que las ideas estuvieran inscritas en el espíritu desde el nacimiento. El mundo está ahí para proporcionarnos sensaciones, y el entendimiento para ofrecernos ideas. Existen hechos que muestran que las ideas no pueden ser innatas: los niños carecen de ellas.
Al no existir ideas innatas, todas deben tener su origen en la experiencia, fundamento y fuente de todo conocimiento. La experiencia proviene tanto de los sentidos como de la reflexión sobre sus datos. Según Locke, el espíritu es como una hoja en blanco que recibe las impresiones del mundo y, posteriormente, las examina mediante la reflexión. A partir de ello, Locke divide las ideas: las ideas de sensación, que constituyen la mayor parte del material del conocimiento; las ideas de reflexión, surgidas de la observación que la mente hace sobre sus propias operaciones; y las ideas mixtas, formadas por ideas simples de sensación y reflexión. Todas estas ideas pueden encontrarse en los niños, quienes las adquieren gradualmente. Las ideas derivadas de la sensación aparecen antes que las provenientes de la reflexión, por lo que la receptividad sensible es más temprana que la actividad reflexiva.
Después, Locke analiza los grados de objetividad y subjetividad de los pensamientos. Considera que algunas ideas, especialmente las sensibles como el color, el olor y el sabor, dependen de cada percepción individual; de ahí que, influido por el racionalismo, afirme que tales cualidades no están en las cosas mismas, sino en la manera como las percibimos; estas son las llamadas cualidades secundarias. En contraste, las cualidades primarias poseen un referente real en la naturaleza y son pensadas por todos de manera semejante, entre ellas la solidez, la extensión, la figura, el número, el movimiento y el reposo. El ser humano capta subjetivamente aquello que es contingente y, al mismo tiempo, busca comprender científicamente las cualidades primarias de las cosas.
Sin embargo, Locke sostiene que ignoramos la sustancia de las cosas, porque la idea de sustancia es compleja, se forma a partir de ideas simples, carece de claridad y no remite a un referente natural definido. Locke, a partir de su fe y de su experiencia del mundo, reconoce la presencia de Dios en la realidad y considera que el auténtico límite del conocimiento humano se ubica en la metafísica. Las teorías sobre la sustancia resultan engañosas, pues la sustancia no es perceptible y lo único que puede decirse de ella es que constituye aquello que desconocemos. Si cada persona examina su propia noción de sustancia, descubrirá que no posee ninguna idea clara al respecto, salvo la conjetura de un soporte indefinido de las cualidades que las ideas simples producen en nuestra mente. Quien intenta explicar la sustancia no se encuentra en mejor situación que quien afirmaba que el mundo descansaba sobre un elefante, y que al ser interrogado acerca del sostén del elefante, respondía que éste se apoyaba en una gran tortuga; y cuando se le preguntaba qué sostenía a la tortuga, admitía no saberlo. Al ser cuestionados sobre aquello que no comprendemos, respondemos simplemente que “es algo”.
Frases de John Locke
- El que quiera seriamente disponerse a la búsqueda de la verdad, deberá preparar, en primer lugar, su mente a amarla.
- Cada uno es ortodoxo con respecto a sí mismo.
- Aquello que es estático y repetitivo es aburrido. Aquello que es dinámico y aleatorio es confuso. En el medio yace el arte.
- Casi todo lo que habla la historia no es otra cosa sino peleas y matanzas.
- Ningún conocimiento humano puede ir más allá de su experiencia.
- El trabajo del maestro no consiste tanto en enseñar todo lo aprendible, como en producir en el alumno amor y estima por el conocimiento.
- La razón por la que los hombres entran en la sociedad es para preservar su propiedad.
- Dios ha creado al hombre como un animal sociable, con la inclinación y bajo la necesidad de convivir con los seres de su propia especie, y le ha dotado, además, del lenguaje para que sea el gran instrumento y lazo común de la sociedad.
- Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias.
- La esperanza de una felicidad eterna e incomprensible en otro mundo, es cosa que también lleva consigo el placer constante.
Referencias:
- Barrionuevo, M.E. (2005). John Locke (1632-1704). Su vida, su obra y pensamiento. Revista Iberoamericana de educación. Vol. 36 Núm. 7. pp. 1-9.
- Xirau, R. (1998). Introducción a la historia de la filosofía. Universidad Nacional Autónoma de México.
- John Locke | Filosofía, Contrato social, Dos tratados sobre el gobierno civil y Hechos | Britannica
- John Locke – Wikipedia, la enciclopedia libre
- John Locke – Enciclopedia de la Historia del Mundo
- Locke, John | Internet Encyclopedia of Philosophy