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Mañana: nunca llega, pero lo perseguimos cada día

¿Y si el mañana ya existe y no lo sabemos?

El “mañana” siempre está ahí, justo después de hoy, lleno de promesas, planes y algo de misterio e incertidumbre. El mañana separa lo que estamos viviendo ahora de todo lo que podría hacerse realidad, el presente de la posibilidad. Es una idea que hemos construido, algo que depende del tiempo, de cómo vemos el mundo y hasta de las culturas en las que crecimos. Esta idea ha cautivado durante siglos a filósofos que se preguntaban por el destino, a científicos que intentan descifrar el universo y a economistas que calculan riesgos y oportunidades.

¿Cómo se cruza esta idea con la ciencia? Piensa en el tiempo como si fuera una enorme película ya grabada. En algunas interpretaciones de la física moderna, especialmente las que vienen de la teoría de la relatividad, el pasado, el presente y el futuro no son cosas que van pasando una tras otra como un río; más bien, todo existe al mismo tiempo en un gran bloque de espacio-tiempo. Nuestro cerebro, que está acostumbrado a vivir las cosas una por una, nos hace sentir que el mañana es algo que todavía no llega, pero en realidad, según este punto de vista, es solo una ilusión creada por nuestra percepción lineal. Varias interpretaciones de la física actual apoyan esta idea de que el flujo del tiempo que sentimos es más una experiencia humana que una verdad absoluta del universo.

Ahora bien, resulta que en nuestro planeta hay un sitio donde el “mañana” empieza antes que en otros lugares. Se llama la Línea Internacional de Cambio de Fecha y está trazada, de manera imaginaria, en el Océano Pacífico, más o menos siguiendo el meridiano de los 180 grados. Si viajas en barco o en avión y la cruzas en una dirección, saltas un día hacia adelante y ya estás en el mañana; si la cruzas de regreso, saltas al ayer. En un sentido viajas hacia el mañana, y en el otro, hacia el ayer. Es una frontera que convenimos para ponernos de acuerdo en qué día vive cada quien.

De hecho, nuestro cerebro es como una máquina del mañana, pues somos capaces de algo que los científicos llaman prospección, es decir, la habilidad de imaginar y simular mentalmente lo que podría pasar en el futuro para planificar, evitar peligros o aprovechar oportunidades, algo muy útil en la planeación estratégica y en la vida cotidiana. Cuando preparas un viaje, visualizas el tráfico, el clima, lo que vas a necesitar, etc., estás viajando, por lo menos mentalmente, al mañana. Esta capacidad es una ventaja evolutiva porque nos permite anticiparnos en lugar de reaccionar cuando las cosas ya están sucediendo. Esto nos ayuda a vivir con menos sorpresas desagradables.

Una de las cosas que más se buscan cada día en todo el mundo es el pronóstico del clima para mañana. ¿Cómo va a estar el tiempo? ¿Necesitaremos paraguas o podremos salir con shorts? El clima de mañana afecta nuestros planes, nuestro ánimo y cómo organizamos el día. Cotidianamente y repetidamente tratamos de anticiparnos al clima de mañana.

El mañana es el día que viene después de hoy, pero también es la manera en que percibimos el tiempo, y la capacidad de soñar y anticiparnos a lo que sigue. Vivimos en el presente, pero imaginando lo que nos depara el futuro. ¿A quién no le gusta pensar en un mañana más emocionante y próspero?

“Mañana lo hago” es una trampa

La procrastinación es una trampa deliciosa, pero peligrosa. Lo que nos pasa es que tendemos a pintar un cuadro muy optimista de nuestro yo del futuro. Pensamos: “Hoy estoy cansado, no tengo ganas, pero mañana será otro día, uno más productivo, tendré más energía, más fuerza de voluntad y más tiempo para ponerme al corriente con esa tarea pendiente”. Incluso imaginamos esa versión futura de nosotros mismos resolviendo todo sin contratiempos, mientras que el yo de hoy solo quiere descansar un rato más en el sofá. Ese sesgo nos hace posponer una y otra vez asuntos importantes. ¡Es tan fácil delegarle todo al mañana!

Pero ese mismo “concepto de mañana” mueve la economía mundial. Piensa en la bolsa de valores y especialmente en el mercado de futuros. ¿Cuál será el valor de una inversión mañana? Se mueven cantidades descomunales de dinero gracias a suposiciones y expectativas sobre el futuro, sobre el mañana. Los inversionistas confían en que mañana las cosas valdrán esto o aquello, y esa creencia funciona como motor económico.

Sin embargo, hay un dicho que dice: “el mañana nunca llega”. Suena simple, pero pensémoslo un poco. Cada vez que el tiempo avanza, el mañana que imaginamos se convierte automáticamente en hoy. Y entonces aparece un nuevo mañana más allá, adelante en el futuro. Perseguimos el horizonte, pero, por más que caminemos, nunca lo alcanzamos porque siempre se aleja. El mañana es inalcanzable. El dicho nos invita a reflexionar que vivir postergando todo para ese mañana ideal es como correr en una rueda de hámster: te quedas en el mismo lugar. Algo como la carrera de la rata que describe Robert Kiyosaki en Padre Pobre, Padre Rico.

El mañana es esquivo por naturaleza. La próxima vez que estés a punto de posponer algo, quizás decidas darle una oportunidad al hoy.

Planta un árbol cuya sombra nunca verás

El mañana es ese tiempo que está por venir, pero hay idiomas, sobre todo algunos de pueblos aborígenes, que no tienen una palabra específica para decir “mañana”. En lugar de eso, fusionan las ideas de tiempo, tanto el ayer como el mañana caen en una misma categoría, algo así como “tiempo distante” o “no-hoy”. El modo en que dividimos el tiempo no es universal, sino que depende mucho de la cultura en la que crecemos.

Millones de personas en todo el mundo han enterrado o guardado objetos con la esperanza de que alguien, dentro de siglos, los encuentre. Puede ser una caja con fotos, cartas, juguetes o recuerdos cotidianos que dejamos como un mensaje físico para quien lo encuentre “mañana”. Las cajas del tiempo son una forma de decir: “Aquí estuvimos, esto era importante para nosotros, esto era lo que hacíamos”. ¿Cuántas abuelas han guardado una carta en un cajón para que su nieto la lea cuando crezca? ¿Por qué no hacerlo? Es como un regalo lanzado al río del tiempo con la ilusión de que alguien lo recoja río abajo, como si estuviéramos extendiendo la mano a través de las décadas, o tal vez a través de los siglos.

¿Qué tan a futuro podemos pensar? ¿Qué tan lejos nos puede llevar nuestra imaginación? ¿Podemos pensar en el “mañana” pero en términos de generaciones y generaciones futuras? ¿Podemos plantar un árbol sabiendo que nunca nos sentaremos bajo su sombra, pero que otros lo disfrutarán mucho después? ¿Qué tanto podemos estirar nuestra mente hacia el mañana? Siempre hemos buscado formas creativas de conectar con el mañana que aún no llega.

¿Cuál es la predicción más lejana que has escuchado o leído? Los antiguos mayas tenían un sistema de calendario increíblemente sofisticado llamado la Cuenta Larga. Ellos hacían cálculos matemáticos que se proyectaban miles de años hacia adelante, es decir, mucho más allá de lo que imaginamos cuando miramos el calendario del celular. Planeamos nuestra vida para los próximos días, semanas, meses, años, por qué no hacerlo para generaciones que ni siquiera conoceremos.

¿Las personas que aún no han nacido ya tienen algún tipo de derechos hoy en día? ¿Es justo que nosotros vivamos a lo grande ahora y les dejemos a nuestros nietos o bisnietos problemas? Muchas personas argumentan que sí, que las generaciones futuras merecen que las tomemos en cuenta desde ahora, aunque todavía no estén aquí. Nuestras acciones en el presente afectarán a quienes vienen después.

El paraíso que nunca llega y el mañana que nos quita el sueño

En cuanto a los aspectos negativos, el concepto de mañana se ha usado como una herramienta de control. ¿Cuántos demagogos hemos escuchado decir “un poco más de esfuerzo hoy, porque mañana todo será perfecto, habrá un paraíso, una utopía”? Tal truco ha servido a muchos oportunistas para pedirle a la gente sacrificios en el presente. “Si obedeces ahora, si trabajas duro hoy, si renuncias a esto o aquello, el gran premio vendrá después”. Es una promesa que puede mantener a las personas motivadas o resignadas, pero muchas veces solo beneficia a quienes están en el poder en el aquí y ahora. Es el caso de las campañas políticas que prometen un país maravilloso en unos años si votas por cierto candidato. Una estrategia de poder para justificar el presente.

Asimismo, pensar en el “mañana” puede producir ansiedad. La cronofobia es el miedo irracional al paso del tiempo y a todo lo que el futuro pueda traer; de modo que el mañana deja de ser esperanzador. Alguna ocasión me he despertado a medianoche con una idea fija en la mente: el tiempo vuela, los años pasan. Nadie está exento de sentir que las cosas se le escapan, sus objetivos y metas. Así, la idea de futuro puede robarnos la tranquilidad en el presente. Pero debemos recordar que el mañana también es una fuente de ilusión y esperanza.

El “mañana” es una idea cargada de debates éticos, emociones y estrategias de poder. El “mañana” puede ser algo grandioso como los cálculos de una civilización antigua, científico como los efectos de la relatividad en el espacio, o simple como revisar el clima antes de dormir. Siempre estamos mirando hacia adelante, curiosos y listos para lo que venga.

Refranes con la palabra mañana

1

Mañana será otro día.

Se usa como una expresión de ánimo cuando el día que termina no ha sido muy bueno. O, simplemente como una forma que acompaña las “Buenas noches” y manifiesta expectativa para el siguiente día.

2

Hoy por ti mañana, por mí.

Aconseja la ayuda mutua entre las personas que en un principio deben ayudar desinteresadamente, y con el paso del tiempo es posible que vean regresar el favor.

3

Para dejar el pellejo, lo mismo es hoy que mañana.

Significa que la muerte nos llega a todos sin importar el cuándo.

4

A quien te la haga, se la pagas; si no puedes hoy, mañana.

Enuncia que no importa el tiempo que pase hay que vengar las afrentas que cometen contra nosotros.

5

Escudero de Guadalajara, de lo que promete a la noche no hay nada a la mañana.

Señala lo volubles que pueden ser los ánimos de las personas.

6

Al amigo que en apuro está, no mañana sino ya.

Aconseja acudir con prontitud en ayuda de los amigos en aprietos.

7

Amor loco, hoy por ti, mañana por otro.

Se aplica a las personas que se enamoran con mucha facilidad. También aconseja no confiar demasiado en declaraciones desmedidas de amor.

8

Dinero que el naipe ha traído, hoy venido, mañana ido.

El dinero que se gana en el juego se pierde con facilidad, regularmente en el mismo juego.

9

Mujer de tahúr, no te alegres, lo que tu marido gana hoy, mañana lo pierde.

Lo que se gana con extrema facilidad se pierde de la misma manera.

10

A la noche, arreboles; a la mañana habrá soles.

Es una creencia que, si las nubes son rojizas al ocultarse el sol, habrá buen tiempo el día siguiente.

11

A ayer lo conocí, pero a mañana nunca lo vi.

No sabemos lo que nos depara la fortuna.

12

No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.

Exhorta a la dedicación en el trabajo.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (11 mayo 2026). Mañana: nunca llega, pero lo perseguimos cada día. Celeberrima.com. Última actualización el 11 mayo 2026.