La economía está presente en prácticamente todo lo que hacemos, aunque muchas veces no nos demos cuenta. Basta imaginar una fiesta familiar o una reunión con amigos, todos quieren comer, divertirse y pasar un buen rato, pero los recursos son limitados y cada persona está en posibilidades de aportar algo distinto. Uno cocina bien, otro organiza la música, alguien más coordina los juegos y otra persona calcula cuánto refresco o comida hace falta para que alcance para todos. Al final, lo que se pretende es que todos disfruten y que los recursos disponibles se aprovechen de la mejor manera posible. En esencia, una economía funciona de forma parecida. Una economía es un sistema que organiza y coordina las actividades productivas para que las personas puedan crear, intercambiar y disfrutar bienes y servicios utilizando recursos limitados.
En un día cualquiera participamos en la economía desde el momento en que despertamos. Encendemos la luz gracias al trabajo de miles de personas dedicadas a generar y distribuir electricidad; tomamos café cultivado quizá en Chiapas o Veracruz; usamos transporte público operado por trabajadores capacitados; llegamos a un empleo donde producimos algo, ya sea atendiendo clientes, programando software, enseñando en una escuela o vendiendo productos. Más tarde utilizamos nuestro salario para comprar comida, pagar la renta o disfrutar alguna actividad recreativa. Todo esto forma parte de una enorme red de millones de personas y empresas conectadas que toman decisiones constantemente sobre qué producir, cómo hacerlo, para quién producirlo y a qué precio venderlo.
Sin embargo, los recursos siempre son escasos: el tiempo, la energía, la tierra, el dinero, etc. Por eso, toda sociedad enfrenta tres preguntas fundamentales: ¿qué producir?, ¿cómo producirlo? y ¿para quién producirlo? La economía intenta coordinar las respuestas a esas preguntas mediante las decisiones de individuos, empresas y gobiernos. Por ejemplo, un agricultor vende jitomates, otra persona vende carne y los consumidores deciden qué comprar con su dinero. Ese intercambio, aparentemente simple, manda señales importantes. Si casi nadie compra jitomates, probablemente el productor sembrará menos la siguiente temporada. En cambio, si el aguacate tiene mucha demanda, su precio sube y más agricultores se interesan en cultivarlo.
Detrás de algo tan cotidiano como un bolillo existe toda una cadena productiva: campesinos sembrando trigo, molinos procesándolo, fábricas produciendo harina, panaderos horneando y repartidores distribuyendo el producto. Si ocurre una sequía, aumenta el precio de la gasolina o hay problemas con el suministro de gas, el precio del pan puede subir o incluso haber escasez.
Además, la economía no solo se refiere a bienes materiales, también incluye servicios como la salud, la educación, el entretenimiento o el turismo. Cuando alguien visita Teotihuacán o Cancún, contribuye a generar ingresos para los hoteles, restaurantes, guías turísticos, artesanos y transportistas. Del mismo modo, un emprendedor que abre un restaurante, una familia que ahorra para comprar una casa o un ingeniero que desarrolla una aplicación de entregas impulsan la actividad económica.
En una economía, las personas asignan valor a los bienes y servicios, por ejemplo, en la industria de los perfumes de lujo existe una sustancia extremadamente valiosa llamada ámbar gris, producida en el sistema digestivo de los cachalotes y expulsada al océano. Debido a su capacidad para fijar aromas, un solo kilogramo puede valer decenas de miles de dólares.
En ocasiones, la moneda de una economía pierde valor, es el caso de Zimbabue, país que durante un periodo de hiperinflación llegó a emitir billetes de 100 billones de dólares zimbabuenses, esto sucedió en 2008; empero, esos billetes prácticamente no servían para comprar nada debido a la pérdida acelerada de valor de la moneda; paradójicamente, hoy muchos de esos billetes valen más como artículos de colección que como dinero. Durante estas crisis, las personas aprovechan cualquier oportunidad para conseguir recursos, por ejemplo, en Venezuela, durante el tiempo de devaluación de la moneda, algunas personas encontraron en el videojuego RuneScape una fuente de ingresos; los jugadores obtenían oro virtual dentro del juego, luego lo vendían en comunidades web, logrando ingresos que, en ocasiones, tenían mayor poder adquisitivo que el dinero local. Algo similar ocurre en algunas prisiones, donde, por ejemplo, los paquetes de sopa instantánea Ramen se convirtieron en una de moneda informal; debido a la baja calidad de los alimentos y a los recortes presupuestarios, estos productos, baratos y duraderos, comenzaron a utilizarse como medio de intercambio entre los internos. El dinero ha adoptado formas muy distintas a lo largo de la historia; en el Imperio Azteca, por ejemplo, las semillas de cacao funcionaban como moneda; existían precios establecidos para distintos productos, también había falsificaciones, algunos comerciantes vaciaban las semillas y las rellenaban con barro para aparentar mayor valor, pues este dependía, en parte, de su peso.
Los gobernantes también aprovechan las oportunidades en una economía. En el Imperio Romano, el emperador Vespasiano impuso un impuesto sobre la orina recolectada en baños públicos y que se utilizaba en lavanderías por su contenido de amoníaco. Cuando su hijo criticó la medida, el emperador respondió con la frase Pecunia non olet, que significa el dinero no huele.
La economía no es solo una cuestión de bancos, bolsas de valores o grandes empresas. En realidad, es una red de acuerdos que responden a las necesidades mediante la creatividad y el intercambio. Las personas constantemente asignan valor a las cosas dependiendo de su utilidad, escasez o significado cultural.
Por supuesto, las economías no son perfectas. La desigualdad provoca que algunas personas acumulen riquezas mientras otras apenas cubren sus necesidades básicas. Por eso los gobiernos suelen intervenir mediante impuestos, subsidios, programas sociales o regulaciones. Además, la innovación tecnológica cambia continuamente la manera en que producimos, trabajamos y consumimos. El objetivo de una economía debe ser mejorar la calidad de vida de las personas, con más oportunidades y mejor aprovechamiento de los recursos.
Referencias: