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Biografía de Samuel Taylor Coleridge
Samuel Taylor Coleridge era un tipo brillante, lleno de ideas revolucionarias y sueños poéticos, vivió en la Inglaterra de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Nació en 1772 en un pueblito tranquilo llamado Ottery St. Mary, en Gran Bretaña, y murió en 1834 en Londres. Estudió en el Jesus College de Cambridge, donde conoció a otro poeta, Robert Southey, y juntos se entusiasmaron tanto con la Revolución Francesa, esa ola de ideas de libertad e igualdad, que hasta soñaron con crear una comunidad utópica basada en principios democráticos. Al final, nunca lo hicieron realidad, pero esa pasión juvenil muestra cómo Coleridge siempre estuvo soñando con un mundo mejor.
En esa misma época, se casó con Sarah Fricker, pero el matrimonio no fue feliz; de hecho, trajo más complicaciones que alegrías. Pero su vida dio un giro creativo cuando, en 1795, conoció a William Wordsworth. Esa amistad se convirtió en una colaboración legendaria, juntos publicaron, en 1798, las Baladas líricas, un libro que básicamente abrió la puerta al Romanticismo en la literatura inglesa. Fueron años de mucha creatividad para Coleridge. Uno de sus poemas más famosos es Kubla Khan está lleno de imágenes exóticas —palacios flotantes, ríos sagrados, jardines mágicos— y tiene un ritmo musical que parece una canción hipnótica. Algunos críticos dicen que por su lado tan visionario y fragmentario, no tiene un sentido completamente unitario, como si fuera un sueño que se interrumpe de repente. Es como cuando te despiertas de una siesta con una idea genial en la cabeza, pero al tratar de escribirla, se te escapa parte del encanto.
De esa misma etapa creativa es El viejo marino, escrito entre 1797 y 1798. Es una balada que cuenta la historia de un marinero solitario que, sin razón aparente, mata a un albatros, un ave que en el mar se veía como un símbolo de buena suerte. Desde ese momento, le caen toda clase de tormentos y penalidades, como si el universo entero le estuviera cobrando la cuenta. El poema tiene un simbolismo bastante hermético, lleno de misterios, y mucha gente lo interpreta de distintas formas, pero lo que queda claro es que toca temas románticos clásicos, como la culpa que carcome por dentro y cómo el ser humano puede perder el contacto armonioso con la naturaleza. Una historia de terror marítimo con moraleja, donde el marino termina contando su experiencia una y otra vez, como alguien que carga con un peso eterno.
En el otoño de 1798, Coleridge y Wordsworth se fueron de viaje a Alemania. Ahí, Coleridge aprendió el idioma y se empapó de las nuevas ideas filosóficas que circulaban, sobre todo la obra de Immanuel Kant, los escritos místicos de Jakob Boehme y la crítica literaria de Gotthold Ephraim Lessing. Todo esto lo integró en su pensamiento, enriqueciendo la forma en que los ingleses veían la literatura y la mente humana.
Al regresar en 1800, se instaló con su familia y amigos en Keswick, en el hermoso Distrito de los Lagos, un lugar rodeado de paisajes que inspiraban a los románticos. Pero su vida personal se complicó, se enamoró de Sara Hutchinson, cuñada de Wordsworth, lo que empeoró los problemas con su esposa. En ese contexto escribió Abatimiento. Es un poema en el estilo de su “poesía conversacional”, más relajado, como platicar con alguien, pero con una intensidad romántica mayor. Representa casi su despedida de la poesía pura, porque en esa etapa su salud empezó a deteriorarse rápido.
Para intentar recuperarse, se fue a Malta, donde trabajó como secretario del gobernador sir Alexander Ball, y en 1806 visitó Italia. Al volver a Inglaterra, empezó a dar una serie de conferencias sobre literatura y filosofía. Los últimos años de su vida fueron difíciles, sufrió graves problemas nerviosos que lo alejaron de su familia. En 1816 se instaló en la casa de un admirador suyo, el médico James Gillman, en Londres, donde recibió cuidados y protección hasta el final.
Además de poeta, Coleridge fue un crítico literario importantísimo. Cambió la crítica inglesa al aportar nuevos criterios y conceptos frescos. Su obra clave en eso es Biografía literaria, publicada en 1817, donde mezcla su vida, sus ideas filosóficas y reflexiones profundas sobre el arte. Sus contemporáneos lo alababan por su espíritu europeísta, estaba abierto a influencias de todo el continente, y lo veían como un poeta y crítico de primera. Para él, la imaginación poética era como un puente mágico que conectaba las diferentes culturas modernas, y esa idea se volvió central en toda la estética romántica. Es como si dijera: la poesía no solo entretiene, sino que une lo que parece separado, ayudándonos a entender el mundo y a nosotros mismos de forma más profunda y creativa.
La vida de Coleridge fue un torbellino de ideales, colaboraciones, momentos de inspiración y luchas personales con la salud. Logró capturar la culpa, belleza y melancolía que define al Romanticismo.
Frases de Samuel Taylor Coleridge
- He aquí un buen criterio para medir al genio: observad si progresa o sólo da vueltas sobre sí mismo.
- La amistad es un árbol que nos cobija.
- La fantasía no es otra cosa que un modo de memoria emancipado del orden del tiempo.
- Los consejos son como la nieve; cuando más suave cae, más dura en el suelo y más se profundiza en la conciencia.
- Los tres fines que un estadista debe proponerse en el gobierno de su nación, son: 1.- seguridad a los que poseen; 2.- facilitar el camino a los que traten de adquirir; 3.- esperanzas a todos.
- No es imposible que, para algún ser infinitamente superior, todo el universo sea como una sola llanura, que la distancia entre los planetas sea apenas como los poros de un grano de arena, y que los espacios entre un sistema y otro no sean mayores que los intervalos entre un grano y el contiguo.
- No existe nada más contagioso que el entusiasmo.
- No hay espíritu perfectamente conformado, si le falta el sentido del humor.
- Para la mayoría de los hombres, la experiencia es como las luces de popa de un barco, que iluminan sólo el camino que queda a la espalda.
- Para muchas personas, la experiencia es como los rayos de luz que salen de una embarcación: sólo alumbran el sendero por donde pasan.
- Sólo quien ama su hogar, ama también su patria.
Referencias: