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Concepción Arenal: justicia, caridad y feminismo

¿Quién fue Concepción Arenal?

Concepción Arenal nació en el norte de España en 1820. Su padre, Ángel del Arenal, era un militar liberal que pagó caro sus ideas de libertad durante los tiempos absolutistas de Fernando VII y murió cuando ella tenía solo nueve años, dejando a la familia en una situación difícil. Concepción, siendo pequeña, se mudó con su madre y hermanas a Armaño en Cantabria, donde vivió rodeada de la naturaleza y recibió una educación religiosa estricta. Perdió a una hermana y más tarde a su madre.

Siendo joven se trasladó a Madrid para recibir una educación más formal en un colegio para señoritas, pero Concepción se sentía ahogada. Ella quería estudiar Derecho, empero, era una época en la que las universidades eran solo para hombres. Nada la detuvo, fue audaz, se cortó el pelo, se vistió como hombre, levita y sombrero, y asistió como oyente a clases en la Universidad Central desde 1842.

En 1848, se casó con Fernando García Carrasco, un abogado y periodista liberal mayor que ella, que la apoyó plenamente en sus inquietudes. Tuvieron tres hijos, aunque solo dos sobrevivieron. La vida parecía estabilizarse, pero, en 1857, su marido murió de tuberculosis, dejándola viuda con niños pequeños. Encontró consuelo y propósito en las obras de caridad. Se instaló en Potes, Cantabria, donde un amigo músico la introdujo en las Conferencias de San Vicente de Paúl, una organización católica dedicada a ayudar a los pobres.

Ahí, escribió obras como La beneficencia, la filantropía y la caridad, que ganó un premio de la Academia de Ciencias Morales y Políticas, presentó el trabajo bajo el nombre de su hijo para que lo aceptaran, y cuando descubrieron que era de ella, igual se lo dieron, siendo la primera en ganarlo. Luego, escribió Manual del visitador del pobre, una guía práctica y llena de empatía para ayudar a los necesitados, que se tradujo a varios idiomas.

En 1864, fue nombrada visitadora de prisiones de mujeres, la primera en ese cargo en España. Recorrió cárceles, vio de cerca el sufrimiento, la suciedad y la falta de humanidad en un sistema que castigaba, pero no corregía. Escribió Cartas a los delincuentes, donde defendía que se debía odiar el delito y compadecer al delincuente, promoviendo la rehabilitación en vez del castigo. Criticó la pena de muerte pública y luchó por reformas en las prisiones.

Fundó y dirigió La Voz de la Caridad, un periódico que durante catorce años denunció miserias en hospicios, cárceles y la sociedad en general. Ayudó en la Cruz Roja durante la guerra carlista, atendiendo heridos de ambos bandos sin distinción. Y sobre todo, defendió con pasión la causa de las mujeres. En libros como La mujer del porvenir, La mujer de su casa y otros, argumentaba que las mujeres tenían derecho a la educación, al trabajo y a desarrollarse plenamente, no solo a quedarse en casa. Era una voz clara y razonada que luchaba por abrir los caminos.

Vivió sus últimos años en Vigo, siempre escribiendo y pensando en cómo mejorar la sociedad a través de la educación, la caridad y la justicia. Murió el 4 de febrero de 1893, en su tumba quedó grabado un lema que resumía su vida: “A la virtud, a una vida, a la ciencia”. Arenal fue pionera del feminismo español, precursora del trabajo social y una de las grandes pensadoras del siglo XIX en España.

Frases de Concepción Arenal

  1. Las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican.
  2. El amor vive más de lo que da que de lo que recibe.
  3. Hay un camino seguro para llegar a todo corazón: es el amor.
  4. La debilidad es lo último que el hombre confiesa y lo primero que tiene.
  5. Si la honradez no fuera un deber, debería ser un cálculo.
  6. La democracia, como la aristocracia, como todas las instituciones sociales, llama calumnias a las verdades que le dicen sus enemigos y justicia a las lisonjas de sus parciales.
  7. Es raro, muy raro, que nadie caiga en el abismo del desengaño sin haberse acercado voluntariamente a la orilla.
  8. La injusticia, siempre mala, es horrible ejercida contra un desdichado.
  9. El dolor es la dignidad de la desgracia.
  10. Entre los que son igualmente malos no hay paz si no es la impuesta por el miedo de alguno que es peor.
  11. ¿Los pobres serían lo que son, si nosotros fuéramos lo que debiéramos ser?
  12. Los grandes egoístas son el plantel de los grandes malvados.
  13. Las virtudes son hermanas que se abrazan estrechamente; cuando una cae, todas vacilan; cuando una se levanta, todas cobran ánimo.
  14. La sospecha es la combinación de la impotencia y de la perversidad humana.
  15. El tedio puede escuchar todas las voces tentadoras, tiene camino para todos los extravíos, y no hay aberración que un momento dado no pueda servirle de espectáculo.
  16. Un hombre aislado se siente débil, y lo es.
  17. Cuanto más se dividen los obstáculos son más fáciles de vencer.
  18. El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído.
  19. No es tan culpable el que desconoce un deber como el que lo acepta y lo pisa.
  20. Abrid escuelas y se cerrarán cárceles.
  21. Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie.
  22. Colectividad que no sabe pensar, no puede vivir.
  23. El llanto es a veces el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras.
  24. La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano.
  25. Todas las cosas son imposibles, mientras lo parecen.
  26. En muchos casos hacemos cosas por vanidad o por miedo, lo que haríamos por deber.
  27. Absurdo sería pedir al cálculo lo que puede dar la abnegación.
  28. La pasión para el hombre es un torrente; para la mujer, un abismo.
  29. Las malas leyes hallarán siempre, y contribuirán a formar, hombres peores que ellas, encargados de ejecutarlas.
  30. Todo poder cae a impulsos del mal que ha hecho. Cada falta que ha cometido se convierte, tarde o temprano, en un ariete que contribuye a derribarlo.
  31. El error es un arma que acaba siempre por dispararse contra el que la emplea.
  32. El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro.
  33. El pobre se arruina en el momento en que deja de ser sobrio.
  34. El ruido de las carcajadas pasa. La fuerza de los razonamientos queda.
  35. Sustituir el amor propio con el amor de los demás, es cambiar un insufrible tirano por un buen amigo.
  36. Proteger el trabajo es proteger la virtud, consolar dolores, arrancar víctimas al crimen y la muerte.
  37. El tedio es una enfermedad del entendimiento que no acontece sino a los ociosos.
  38. El amor es para el niño lo que el sol para las flores. No le basta pan: necesita caricias para ser bueno y para ser fuerte.
  39. La caridad es un deber; la elección de la forma, un derecho.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (19 mayo 2026). Concepción Arenal: justicia, caridad y feminismo. Celeberrima.com. Última actualización el 19 mayo 2026.