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Mary Shelley: biografía y frases

¿Quién fue Mary Shelley?

Mary Wollstonecraft Shelley, nacida como Mary Godwin el 30 de agosto de 1797 en Londres, fue una escritora británica cuya obra ha dejado una huella en la literatura, especialmente en el género de la ciencia ficción. Hija de dos figuras intelectuales prominentes, la filósofa feminista Mary Wollstonecraft y el filósofo político William Godwin, Mary Shelley creció en un ambiente marcado por el pensamiento radical y las ideas progresistas. La muerte de su madre al momento de su nacimiento marcó su infancia, quedando bajo el cuidado de su padre.

A los dieciséis años inició una relación con Percy Bysshe Shelley, poeta romántico y seguidor político de su padre, quien estaba entonces casado. Tras enfrentarse a la desaprobación social y familiar, huyeron juntos a Francia, iniciando una vida de dificultades económicas y personales. Su círculo de amistades incluyó a personalidades literarias como Lord Byron, con quienes pasaron un verano en 1816 en Suiza, donde Mary concibió la idea de su obra más emblemática, “Frankenstein o el moderno Prometeo” (1818). Esta novela instauró el género moderno de la ciencia ficción y exploró las implicaciones de la creación de vida artificial.

La vida de Mary Shelley estuvo marcada por la tragedia y la pérdida, con la muerte de tres de sus cuatro hijos por enfermedad y el ahogamiento de su esposo en 1822. Tras este evento, regresó a Inglaterra. A lo largo de su vida, Mary produjo una obra que abarcó novelas históricas, ciencia ficción, ensayos y biografías, manteniendo su compromiso con la defensa de la cooperación, la compasión y el papel de las mujeres en la transformación de la sociedad. Falleció el 1 de febrero de 1851 en Londres, afectada por una enfermedad que estudios posteriores sugieren fue un tumor cerebral.

Frases de Mary Shelley

  1. El feminismo es una apelación al buen sentido de la humanidad.
  2. La guerra es el juego del estadista, la dicha del sacerdote, la burla del abogado y la profesión del asesino mercenario.
  3. ¡Cuánto debilita el sufrimiento la capacidad de sentir!
  4. Busca serenamente la felicidad y evita la ambición, aunque ésta sea en apariencia tan inofensiva como la que persigue el camino de la ciencia.
  5. ¡Cuán tenaz es la vida y cómo se aferra a uno cuando más se le odia!
  6. ¡Cuán fácil es la resignación para el inocente! Pero los culpables no llegan a conocer la paz jamás.
  7. Las agonías del remordimiento envenenan los pequeños placeres que algunas veces produce el exceso de pena.
  8. ¡Con qué facilidad varían nuestros sentimientos y qué extrañamente nos aferramos a la vida en momentos de desesperación!
  9. Sentir amor por otro me colocará en el engranaje de la existencia que llevan los demás, y de la que ahora estoy excluido.
  10. ¿Cómo puedo ser generoso con los demás si los demás se muestran implacables conmigo?
  11. ¿Cómo era posible que el hombre tuviese tanto poder, estuviese tan lleno de virtud y, al mismo tiempo, fuera tan vil y rastrero?
  12. ¿Por qué razón el hombre se vanagloria de poseer una sensibilidad superior a la del bruto? Si nuestros impulsos se limitaran al hambre, la sed y el deseo, seríamos casi libres; pero nos conmueve la más ligera brisa, y tan sólo una palabra o la imagen que ésta despierta en nosotros, inquieta nuestro espíritu.
  13. Amo la vida, pese a que no es más que un cúmulo de angustias, y la defenderé.
  14. Todos los hombres odian a un ser desgraciado.
  15. La contemplación de la grandiosidad de la naturaleza siempre confirió nobleza a mis pensamientos, haciendo que olvidara las preocupaciones cotidianas.
  16. ¡Cuán extraña es la naturaleza del saber! Se aferra a la mente como el musgo a la roca.
  17. Nada causa tanto pesar al espíritu humano como el que, después de una rápida sucesión de acontecimientos que le llevan a un estado de congoja, se sucedan la mortal calma de la inacción y la certeza de lo irremediable, condiciones que le privan de experimentar tanto el miedo como la esperanza.
  18. ¿Quién puede estar seguro de un mínimo de felicidad?
  19. ¡Llorad, llorad queridos míos! ¡No serán éstas las últimas desgracias que sufriréis!
  20. Los jueces prefieren condenar a diez inocentes antes que permitir que quede un culpable sin castigo.
  21. Te juro que hubiera preferido permanecer siempre en la ignorancia. Antes eso que descubrir la ingratitud y la depravación de una persona tan querida por mí.
  22. Hay algo inexplicable que agita mi alma y que no logro comprender.
  23. Ahora tengo veintiocho años y en realidad soy más ignorante que muchos escolares de quince. Es cierto que he reflexionado más, y que mis sueños son más amplios y grandiosos, pero les falta el equilibrio (como dicen los pintores); y me es imprescindible un amigo con el suficiente sentido común como para no burlarse de mi romanticismo, y que pueda con su afecto controlar mis sentimientos impulsivos.
  24. Tengo sin embargo una gran necesidad que hasta ahora no he podido satisfacer; y que ahora siento como una falla lamentable. No tengo aquí ningún amigo.
  25. Aunque sea sólo un cúmulo de infelicidad, la vida me es querida y la defenderé.
  26. Sé que usted busca el conocimiento y la sabiduría, como yo lo hice una vez; y espero vivamente en que la satisfacción de sus deseos no resulte ser una serpiente que le muerda, como ha sucedido en mi caso.
  27. ¿Por qué no he de continuar por estas olas indómitas y a la vez sumisas? ¿Qué podría detener un corazón decidido y la voluntad firme de un hombre?
  28. ¿Cómo es posible contemplar a un ser tan noble destruido por el dolor sin experimentar una profunda pena?
  29. El ser humano que quiere alcanzar la perfección debe mantener la serenidad y la calma, sin permitir que una pasión o un deseo circunstancial se entrometa en su espíritu.
  30. Estamos ligados por vínculos tenues a la prosperidad o a la ruina.
  31. ¡Extraña y desgarradora debe ser su historia y que espantosa la tormenta que, atrapando su valeroso navío, alteró su rumbo y lo hizo zozobrar así!
  32. Nada contribuye a tranquilizar la mente como un propósito firme, un punto en el que pueda el alma fijar sus ojos intelectuales.

Referencias:

Cómo citar

García, Miguel. (20 septiembre 2025). Mary Shelley: biografía y frases. Celeberrima.com. Última actualización el 20 septiembre 2025.