Tabla de contenidos
¿Quién fue Arthur Schopenhauer?
Arthur Schopenhauer fue un filósofo alemán de origen prusiano, reconocido como uno de los pensadores más influyentes del siglo XIX por su pesimismo metafísico y su síntesis entre el idealismo occidental y las tradiciones orientales. Nacido el 22 de febrero de 1788 en Danzig (actual Gdansk, Polonia), en una familia acomodada de comerciantes, Schopenhauer creció en un entorno privilegiado que le permitió viajar extensamente por Europa durante su adolescencia, junto a su padre Heinrich, un negociante estricto y culto, y su madre Johanna, una exitosa escritora. Desde la juventud, estuvo influido por el pensamiento inglés que su padre admiraba. La muerte prematura de su padre, en 1805, marcó un punto de inflexión en su vida, exacerbando tensiones familiares y orientándolo hacia estudios independientes en filosofía, clásicos y ciencias en universidades como Göttingen y Berlín.
Tras abandonar la carrera comercial, Schopenhauer se dedicó a la filosofía, influenciado inicialmente por Kant y Platón, aunque pronto desarrolló un sistema propio centrado en la voluntad como esencia irracional del mundo. En 1819 publicó su obra magna, El mundo como voluntad y representación, donde distingue entre el fenómeno (representación subjetiva) y la cosa en sí (voluntad ciega), postulando el sufrimiento inherente a la existencia humana y proponiendo la negación de la voluntad mediante la estética y la ascética como vías de salvación. Intentó una carrera académica en la Universidad de Berlín en 1820, programando clases en horario coincidente con las de Hegel, a quien detestaba, pero el escaso interés de los alumnos lo llevó a retirarse de la docencia.
Schopenhauer vivió años de aislamiento en Fráncfort desde 1833, huyendo de epidemias y dedicándose a la escritura. La segunda edición ampliada de su obra principal en 1844 y Parerga y Paralipómena (1851) marcaron su tardío reconocimiento público, que culminó en admiración de figuras como Wagner, Nietzsche y Freud. Su pensamiento enfatiza la primacía de la voluntad sobre la razón; pese a su cercanía intelectual con Kant, Schopenhauer rechazó el idealismo alemán, particularmente la filosofía de Hegel; anticipa corrientes como el existencialismo y el psicoanálisis; e influye en corrientes ulteriores como el vitalismo, en Nietzsche y, ya en el siglo XX, en ciertos aspectos del pensamiento de Wittgenstein. Falleció el 21 de septiembre de 1860 en Fráncfort.
Acto volitivo
En La cuádruple raíz del principio de razón suficiente (1813), Schopenhauer conserva del sistema kantiano únicamente la categoría de causalidad, entendida como fenómeno mental, secuencia conceptual y, sobre todo, acto volitivo. Schopenhauer hace de la voluntad el fundamento último del principio de razón suficiente. Esta voluntad no debe confundirse con la voluntad subjetiva de un individuo, pues el mundo entero está constituido por voluntades que actúan como fuerzas. La realidad se compone de presentaciones, representaciones y voluntad; esta última funciona tanto como esencia del mundo como de la conciencia. Para Schopenhauer la voluntad es el principio absoluto. Las ideas y percepciones se subordinan a ella. La voluntad constituye la “cosa en sí” kantiana y, por ser ajena al tiempo y al espacio, debe entenderse como única, no múltiple. Aunque el mundo adopta diversas apariencias, todas remiten a esa misma realidad única: la voluntad.
En su esencia, la voluntad es voluntad de vivir y, por ello, conflicto permanente. La vida, tal como la describe Schopenhauer, se encuentra atravesada por la lucha y la violencia. Frente a Hegel, quien había racionalizado el mundo al grado de hacer difícil concebir el mal, Schopenhauer insiste en que el mal es constitutivo de la realidad misma y surge del choque entre voluntades. Retoma, incluso, la sentencia de Plauto y Hobbes según la cual “el hombre es un lobo para el hombre”. Empero, Schopenhauer condena la esclavitud, la explotación y la guerra.
Influido por la tradición india y el budismo, Schopenhauer considera este mundo un auténtico infierno del que es necesario escapar mediante dos caminos: el arte y la contemplación estética, o la ascesis y la experiencia mística, esta última sin requerir la existencia de Dios.
Frases de Arthur Schopenhauer
- Hay solamente un error congénito y es la noción de que existimos para ser felices.
- Bien puede decirse que la vida es un episodio que viene a perturbar inútilmente la sagrada paz de la nada.
- La vida es un negocio cuyos ingresos no alcanzan, ni de lejos, a cubrir los gastos.
- La filosofía muchas veces no reporta nada, pero siempre ahorra mucho.
- A excepción del hombre, ningún ser se maravilla de su propia existencia.
- Lo que la lluvia es para el fuego, eso es la lástima para la ira.
- El que no ama ya está muerto.
- El destino baraja y nosotros jugamos.
- La modestia es la virtud hecha para uso y consumo de los granujas, porque exige que cada cual hable de sí mismo como si lo fuese.
- Destino es el nombre que la gente suele dar a sus propias tonterías.
- Perdonar u olvidar significa echar por la ventana una ya preciosa experiencia.
- En nuestros países monogámicos, casarse significa perder la mitad de los derechos propios y doblar los propios deberes.
- El vulgo es tan ignorante que prefiere antes lo nuevo que lo bueno.
- La facultad de alegrarnos olvidando las preocupaciones es un gran regalo. No es el hombre quien mata al hombre es la aflicción.
- La alegría conserva la salud y la juventud del corazón.
- El silencio es el grito más fuerte.
- Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes el comentario.
- Cuanto más capaz sea el hombre de mostrarse gravemente serio, más alegremente podrá reír.
- El hombre ha hecho de la tierra un infierno para los animales.
- En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad.
- Al que todo lo pierde le queda Dios todavía.
- Lo que me hace tan grata la sociedad de mi perro, es la transparencia de su ser.
- Si el placer de los sentidos no ocultase más que la satisfacción de una necesidad imperiosa, sería indiferente la hermosura o la fealdad del otro individuo.
- … la verdad se disfraza de ilusión para influir en la voluntad.
- Los últimos años de la vida se asemejan al final de un baile de máscaras en que se dejan caer las caretas.
- La vida es una guerra sin tregua y morimos con las armas en las manos.
- La misión del novelista no es relatar grandes acontecimientos, sino hacer interesantes los pequeños.
- Los hombres vulgares han inventado la vida en sociedad porque les es más fácil soportar a los demás que soportarse a sí mismos.
- La vida no se nos ha dado para gozarla, sino para sufrirla, para pagarla.
- La vida es una perturbación inútil de la calma del no ser.
- Rascar al hombre civilizado y aparecerá el salvaje.
- Todo hombre quiere llegar a viejo, es decir, a una época de la vida en que pueda lamentarse de las cosas que pasan y anunciar calamidades todavía mayores para el mañana.
- Toda felicidad es negativa; ninguna satisfacción puede durar.
- Nuestro mayor placer consiste en que se nos admire, y los demás no se prestan sino muy difícilmente a admirarnos, aunque su admiración nos parezca siempre justificada. Así resulta que el hombre más feliz es el que, no importa cómo, llega a admirarse sinceramente a sí mismo. Y mejor aún si sabe encontrar admiración en todo lo que los demás dicen de él.
- La personalidad del hombre determina por anticipado la medida de su posible fortuna.
- El estilo es la fisonomía de la mente.
- Si tenéis motivos para sospechar que una persona os está diciendo una mentira, aparentad que creéis todas sus palabras. Esto le dará ánimos para continuar y se entusiasmará de tal manera con sus afirmaciones que acabará por traicionarse.
- La rebeldía es la virtud original del hombre.
- El intelecto es invisible para el que no lo tiene.
- Durante la infancia, la vida se presenta como una decoración de teatro vista de lejos; durante la vejez, como la misma decoración vista de cerca.
- Desear la inmortalidad es desear la perpetuación de un gran error.
- La cólera no nos permite saber lo que hacemos y menos aún lo que decimos.
- Nada contribuye a la alegría menos que la riqueza y nada contribuye más a ella que la salud.
- La arquitectura es una música congelada.
- La belleza es una carta de recomendación que nos gana de antemano los corazones.
- Las religiones, como las luciérnagas, necesitan de oscuridad para brillar.
- No hay nada en el mundo a que más indiscutible derecho tenga el hombre que a disponer de su propia vida y persona.
- El honor es la conciencia externa, y la conciencia, el honor interno.
- En la vejez se aprende mejor a esconder los fracasos; en la juventud, a soportarlos.
- Los escritores pueden dividirse en tres clases: estrellas errantes, planetas y estrellas fijas.
- La fe es como el amor: no puede ser impuesta por la fuerza.
- La causa de la risa no es otra cosa que la súbita percepción de la ignorancia entre un concepto y el objeto real.
- Para la inmensa mayoría, la vida es solamente una lucha por la mera existencia, con la certidumbre de que han de perder ésta al cabo.
- Entiendo por sabiduría el arte de hacer la vida lo más agradable y feliz posible.
- Genio: El que es capaz de ver la idea en el fenómeno.
- El cambio es la única cosa inmutable.
- La riqueza es como el agua salada; cuanto más se bebe, más sed da.
- Quien ha perdido la esperanza ha perdido también el miedo: tal significa la palabra desesperado.
- El hombre ordinario sólo se cuida de pasar el tiempo; el hombre de talento, de emplearlo.
- La gloria rápidamente lograda, pronto se desvanece.
- La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes.
- El instinto social de los hombres no se basa en el amor a la sociedad, sino en el miedo a la soledad.
- Aunque el mundo contiene muchas cosas decididamente malas, la peor de todas ellas es la sociedad.
- La ignorancia es desagradable cuando la acompañan las riquezas.
- La gente vulgar sólo piensa en pasar el tiempo; el que tiene talento… en aprovecharlo.
- La envidia es natural al hombre y sin embargo, es un vicio y una desgracia a la vez. Debemos considerarla como un enemigo de nuestra felicidad y procurar sofocarla como a un mal demonio.
- La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuanto se aburren.
- Nadie es realmente digno de la envidia.
- La superioridad de la inteligencia conduce a la insociabilidad.
- El amor a la vida no es en el fondo sino el temor a la muerte.
- La religión es la obra maestra del arte de la educación de los seres, pues enseña a la gente cómo debe pensar.
- Cada nación se burla de las otras y todas tienen razón.
- Al tratar a la mayoría de la gente, no estará de más mezclar un poco de desdén: eso les hará apreciar más vuestra amistad.
Referencias:
- Xirau, R. (1998). Introducción a la historia de la filosofía. Universidad Nacional Autónoma de México.
- Arthur Schopenhauer – Wikipedia, (30/11/2025).
- Arthur Schopenhauer – Encyclopaedia Herder, (30/11/2025).